martes, 31 de julio de 2012
Sonia Garro y Ramón Muñoz serán defendidos por la Dra. Amelia Rodríguez
La Dra. Amelia Rodríguez Cala, de 74 años, es una de las más prestigiosas y respetadas juristas cubanas, miembro de la Asociación de Abogados Agramontistas y una mujer comprometida con la defensa de los derechos humanos en Cuba. En estos momentos, la Dra. Rodríguez se encuentra preparando la defensa del matrimonio compuesto por los opositores Sonia Garro Alfonso y Ramón Alejandro Muñoz González. El pasado 18 de marzo, Garro y Muñoz fueron violentamente arrestados en su domicilio, en Avenida 47 No. 11638 entre 116 y 118, Marianao, La Habana. Desde entonces permanecen detenidos, ella en la prisión de mujeres Manto Negro y él en el Combinado del Este, en las afueras de la capital. El Departamento de Seguridad del Estado pretende acusarlos de "terrorismo" y condenarlos a 10 años o más de privación de libertad. Los periodistas independientes Laritza Diversent e Iván García están dando el mayor apoyo tanto a la abogada como a Yamilé Garro, la hermana de Sonia, quien ha quedado al frente del hogar y de Elaine, hija del matrimonio de 14 años (Tania Quintero).
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domingo, 3 de junio de 2012
Recordando a Cathèrine Gittis (I)
Una lectora cubana leyó en mi blog un trabajo titulado Adiós, RDA, y por correo electrónico me envió una macarrónica traducción en español de La historia de Catherine Gittis: No hay ninguna lápida en su tumba (Die Geschichte der Catherine Gittis: Es ist kein Stein auf ihrem Grab — Der Freitag), publicado por Frank Rothe el 13 de julio de 2001 en Der Freitag.
Esa lectora conoció a Cathèrine Gittis cuando vivió en La Habana, en el Reparto Flores y tuvo la amabilidad de enviarme una foto del edificio como actualmente se encuentra, la misma que encabeza este post.
A la periodista Cathèrine Gittis -su nombre es francés, no alemán, por eso lleva acento invertido en la è- la había conocí en 1977, en la oficina de Ángel Guerra, director en ese momento de la revista Bohemia, quien me mandó a buscar a mi redacción, porque ella quería hacer unos reportajes en colaboración con un periodista cubano y fui la escogida. En 1978, por haber investigado y publicado en Bohemia una serie sobre los alemanes antifascistas que vivieron en Cuba durante la II Guerra Mundial, fui invitada tres semanas a la República Democrática Alemana (RDA), en junio de 1979.
En 1981, la Gittis viajó a La Habana con sus hijos Marcos y Andreas, a quienes yo había conocido en su casa de Berlin dos años antes. Marcos entonces tendría unos 12 años y Andreas 10, los dos muy bonitos, pero Andreas más, con unos intensos ojos azules. De aquel viaje traje dos fotos carnet que ellos me regalaron y aún conservo. Los tres me atendieron muy bien e hicieron agradable mi estancia en su casa y en su país. Vivían modestamente, en el primer piso de un edificio un poco alejado del centro de Berlín, el bus paraba muy cerca. No muy lejos quedaba el cementerio, no sé si era el mismo donde ocho años después fue enterrada Cathèrine y donde debe estar enterrado Andreas, o era el cementerio judío, a donde ella un día me llevó.
La semana que estuve en su casa me quedé a dormir en el cuarto, pequeño, pero cómodo, donde se quedaba Ruth, la madre de Cathèrine, cuando por unos días dejaba su residencia para ancianos en Dresden, un edificio que parecía un hotel, y se pasaba unos días con su hija y sus nietos. Marcos y Andreas tenían su cuarto, con una litera y suficiente espacio para estudiar y jugar. Cathèrine tenía el suyo, el mismo de cuando estuvo casada con Vangelis, el padre de sus hijos, ciudadano germanooriental de origen griego e ingeniero de profesión.
Yo había llegado a Berlín un domingo por la tarde y al día siguiente, lunes por la mañana, y sin reponerme del cambio de hora, Cathèrine me llevó en su Trabant a Cottbus. Me acomodé en el asiento delantero, detrás, el fotógrafo, Pierre Guillaume. Pierre era hijo de Günter y Christel Guillaume, un matrimonio que en ese momento desconocía que se encontraban cumpliendo prisión en la RFA, acusados de espiar para la RDA.
Cathèrine regresó a Berlín con Pierre. En Cottbus visité una escuela donde estudiaban niños chilenos y uruguayos. Conversé y me tiré fotos con alumnos de un aula donde la maestra era Marina Arismendi, hija de Rodney Arismendi, secretario general del Partido Comunista de Uruguay. Cathèrine había hablado con Marina para que esa noche cenara y me quedara a dormir en su casa, un apartamentico que compartía con sus dos hijas, no muy lejos de una unidad militar soviética. Recuerdo que en una página de Bohemia me publicaron una foto comentada, donde se veía a los dos hijas de Marina en una labor bastante novedosa para mí entonces: la recogida de materias primas por parte de escolares.
De Cottbus viajé en tren a Dresden, donde Cathèrine me esperaba. En un taxi, un Volga soviético de color claro, fuimos a conocer a un amigo alemán con el cual yo me carteaba desde 1961. Esa noche me quedé a cenar y dormir en su casa, donde vivía con su esposa, un viejo edificio de madera con baños colectivos. Al día siguiente fui con Cathèrine a conocer al pintor Gert Caden, quien durante su estancia en Cuba, en los años 40, estuvo al frente del Comité de Alemanes Antifascistas. Fuimos a su estudio, en el centro de Dresden, tenía más de 80 años, pero se encontraba lúcido.
Estuvimos como una hora, ella me sirvió de intérprete. Después tuvimos un encuentro en la redacción de la Revista RDA en español, que se vendía en Cuba. En un número me habían publicado un reportaje sobre una cooperativa agrícola de Cabaiguán, cuyo presidente había estudiado en la RDA. En la redacción de la revista, en Dresden, nos tiramos fotos y tomamos café, acompañado de galleticas dulces, una costumbre rara para los cubanos, pero no para los alemanes y europeos, quienes toman café o té con cosas dulces.
Con Cathèrine regresé a Berlin, en tren. Nos dirigimos a su casa, recogí mis cosas y a partir de esa semana y hasta mi salida de la RDA, estuve hospedada en el hotel Unter den Linden, situado en la avenida del mismo nombre, y desde donde se podía ver la Puerta de Brandenburgo. Faltaban diez años para que se cayera el Muro de Berlín y Alemania volviera a ser lo que siempre fue, una sola nación.
En esas dos semanas como enviada especial de Bohemia, tuve un Lada de color verde, con asientos recubiertos de una piel blanca y carmelita, que imitaba la de un animal, pero muy calurosa, porque en junio, cuando viajé a la RDA, era verano. A mi disposición tenía un chofer que no hablaba español y tenía el biotipo de un campesino (aunque después de saber que Cathèrine era media hermana de Markus Wolf, el jefe de la Stasi, a lo mejor el chofer era un 'seguroso') y una traductora, rubia y con la cual tuve algunos encontronazos. Además de Berlín, Cottbus y Dresden, conocí Erfurt, Leipzig y Postdam.
De ese viaje a la RDA en Bohemia publiqué 50 páginas, si se hojean los números a partir de julio de 1979 se pueden leer. Lo primero que publiqué fue una serie titulada El país de los cochecitos. A casa de Cathèrine volví dos o tres días antes de regresar a Cuba, a buscar el dinero que me habían dado para el viaje y que la mayor parte ella me lo había guardado en una de esas cajas fuertes que casi todos los alemanes suelen tener en sus domicilios. Antes de regresar al hotel, fui a una tiendecita que había por su barrio y compré varios pañuelitos de mano, que mi madre me había encargado. A mis hijos les había comprado ropa en una tienda para niños y jóvenes, situada en la avenida Unten den Linden, a unas diez cuadras del hotel, pero en sentido contrario.
Volviendo a ese viaje de los Gittis a La Habana en 1981. Aunque en nuestro apartamento en la barriada habanera de la Víbora no teníamos condiciones, esas dos o tres semanas que Cathèrine estuvo en Cuba, por primera vez con sus hijos, se quedaron en nuestra casa. Dormían en unas colchonetas o sacos de dormir que ellos trajeron, en el piso de la sala o en la terraza: era el mes de julio y había mucho calor. Marcos tenía ya 14 o 15 años y Andreas 12 o 13. Pese a las dificultades materiales, la pasaron bien.
Aunque desde que la conocí me di cuenta que Cathèrine era una mujer de carácter difícil, durante la estancia en nuestra casa tuvo un buen comportamiento, si bebió ron o cerveza lo hizo fuera, porque nosotros no tomábamos bebidas alcohólicas. Lo más raro que hizo era andar descalza, y por eso siempre tenía los pies sucios.
En 1982 o 83, no recuerdo bien, Cathèrine se preparó para volver con sus hijos a La Habana. Me dio mucha pena y le dije que esa vez no podía tenerlos en mi casa, porque se había agudizado mucho el problema del agua y mi madre no estaba bien de salud. A ella no le gustó que no la pudiera recibir, y habló con una amiga, Norma Torrado, ex asistenta de Santiago Álvarez en el ICAIC, y ella los acogió en su casa, a donde una vez fui, en el Vedado. Luego estuvieron parando en la casa de Noemí, una cubana que vivía por Santos Suárez. Allí la visité en una ocasión. Poco a poco nos fuimos distanciando. No recuerdo si ellos regresaron a Berlín y luego volvieron, con un permiso de residencia permanente, o ya ese año se quedaron viviendo en La Habana.
Algunas veces Cathèrine me llamó por teléfono. Y sería en 1986 u 87, cuando le conté que Fidel Castro me había recibido en su despacho. Me pidió que fuera a su casa, para que le contara detalles. Ella y sus hijos estaban viviendo en un apartamento en el Reparto Flores, en el primer o segundo piso de un edificio de microbrigada (en la foto se puede ver). Me pasé varias horas en su casa, almorcé con ella arroz, huevos fritos y ensalada de tomates, pero en todo ese tiempo no vi a Marcos ni a Andreas.
Por teléfono no se lo había dicho, pero el día que fui a verla, le llevé una copia de un cuestionario, con preguntas bastante críticas, que había enviado a Fidel Castro, y que él nunca me respondió ni me dio acuse de recibo. Cathèrine se quedó con la copia y si no la rompió, pueden que aún estén en esas cajas que cuando la Stasi se enteró que se había suicidado, apresuradamente se llevó de su apartamento en Berlín (en la segunda parte y final pueden leer una versión de lo publicado sobre su muerte en 2001).
Ésa fue la última vez que vi y hablé con Cathèrine Gittis. Ella me había hablado mucho de su madre, Ruth Hermann, pero nunca de su padre, Friedrich Wolf, médico, escritor y político (1888-1953). Tampoco de sus tres medios hermanos, los tres de apellido Wolf, muy conocidos en las dos Alemania: Markus, el jefe de los servicios secretos de la RDA (1923-2006); Konrad, cineasta (1925-1982) y Christa, novelista (1929-2011).
Pese a su compleja personalidad, la Cathèrine que yo conocí era una mujer sencilla, vivía modestamente y, al menos en mi presencia, nunca alardeó de sus relaciones con gente famosa, como eran sus medios hermanos por parte de padre.
Una sola vez, hablando tarde en la noche en la terraza de nuestro apartamento en la Víbora, me contó que nunca se adaptó a ser alemana, que a ella donde le gustaba vivir era en Cuba, Nicaragua o Chile, países que conocía bien. También me dijo que el socialismo no era como ella lo había soñado y me señaló algunas de las deficiencias que le encontraba al socialismo de la RDA y al de Cuba. Una conversación sincera, sin catarsis ni que pusieran en evidencia, alguno de los grandes traumas e interrogantes que le rodeaban y que yo desconocía.
Nunca pensé que su salud mental se fuera a deteriorar de tal manera en Cuba ni que tuvieran que internarla en un psiquiátrico en la RDA. Muy triste para mí fue saber que cuando parecía se iba a recuperar y comenzar de nuevo a trabajar como periodista, decidiera suicidarse, el 4 de septiembre de 1988. Tampoco pude imaginar que Andreas, aquel niño cariñoso de ojos azules se autodestruyera de la manera que lo hizo. Jamás supe que ya en La Habana se había descarriado y que terminó de perderse cuando regresó a Berlín, la ciudad que lo vio nacer y morir.
Por internet he sabido que Marcos Gittis es fotógrafo profesional. Al haber sido más fuerte de espíritu que su madre y hermano, parece que ha logrado encaminar positivamente su existencia. Le deseo éxitos. Y a Cathi, como le gustaba que la llamaran, y a Andreas, que hayan logrado la paz que en vida no encontraron.
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viernes, 1 de junio de 2012
La entrevista que Zoé Valdés me hizo
¿Cómo fue tu infancia? Algunas fotos muestran a una niña bien cuidada y feliz. ¿De qué origen era tu familia?
-La felicidad no la da el dinero, ni vivir en una buena casa y tener un cajón lleno de juguetes. No tuve nada de eso en mi infancia y fui feliz. Hubiera deseado tener un hermano, no lo tuve, pero haber sido hija única no me hizo una niña triste ni infeliz. Desde muy pequeña mis padres me prepararon para enfrentar la vida, sin tener que depender de nadie. A los 10 años me dejaban ir sola al Roosevelt, el cine del barrio y también al Ten Cent, a comprar aquellos útiles escolares que no vendían en La Casa Bulman, al doblar de la casa. A los 12, dos veces al año, mi padre me daba 10 pesos, para que en verano me comprara un vestido y un par de zapatos blancos, y en invierno, otro vestido y otro par de zapatos, esta vez negros, de charol. En mi época, los meses más fríos eran enero y febrero. Febrero era el mes del Carnaval en La Habana, celebrado a lo largo del Paseo del Prado, desde el Malecón hasta la calle Monte. Nuestro barrio, El Pilar, era colindante con el de Atarés, cuna de una de las más famosas comparsas habaneras, Los Marqueses de Atarés, que siempre recorrían las calles de las dos barriadas y la gente arrollaba detrás.
-Mi padre, nacido en Palmira, Cienfuegos, de joven había sido panadero, pero luego se hizo barbero ambulante, oficio que alternó con el de escolta, por su biotipo: un mulato que medía 6 pies y pesaba 200 libras. Mi madre, de constitución delgada, nació en el seno de una familia campesina, en Sancti Spiritus y siempre fue ama de casa. En sus documentos se decía que era de la raza blanca, pero en realidad era 'capirra', como en Cuba le dicen a las mestizas de piel clara y pelo 'bueno'. Mis padres sabían sacar cuentas, leer y escribir, les gustaba leer la prensa, escuchar noticieros y eran aficionados a la pelota (béisbol). A pesar de que ninguno de los dos terminó la enseñanza primaria y a diferencia de otros padres, que atosigaban a sus hijos para que fueran médicos, abogados, ingenieros, ellos no me presionaron para que hiciera una carrera universitaria. Me dieron libertad para que yo estudiara lo que quisiera. Cuando terminé la Superior (secundaria) matriculé en la Escuela Profesional de Comercio de La Habana, pero no llegué a graduarme de Contabilidad. Fui una alumna aplicada, con buenas notas. En la Primaria, los 28 de Enero íbamos a pie hasta el Parque Central, cada alumna con una rosa blanca, que depositábamos ante la estatua del Apóstol José Martí. Nos encantaban las excursiones escolares, al Valle Viñales, las Cuevas de Bellamar, el Parque Zoológico... Durante la Semana del Niño recorríamos las fábricas de los alrededores, las preferidas eran La Estrella, donde nos regalaban galletas y confituras o la de chocolate La Española, en Infanta y Estévez, ya desaparecida. Participaba en los actos cívicos de los viernes, en concursos de historia y en visitas para llevarle tabacos a los veteranos, como eran conocidos los antiguos mambises.
-He olvidado decir que nací en La Habana, el 10 de noviembre de 1942. Por esos días, la ciudad de Leningrado, nombre que los bolcheviques pusieron a San Petersburgo, era asediada por tropas hitlerianas. Aunque Cuba quedaba a miles de kilómetros de Europa, los cubanos vivían pendientes de las noticias procedentes del viejo continente, y al igual que hicieron cuando la República española, la gente recogía leche condensada, chocolate, azúcar, sal y otros alimentos no perecederos y hacían llegar esas donaciones. Entonces en la isla se producían muchos tomates y hortalizas, y éstos se mandaban frescos a Estados Unidos y allí los procesaban y enviaban a los combatientes del Segundo Frente. Haber nacido en 1942 me aficionó a la literatura y la cinematografía sobre la Segunda Guerra Mundial, a filmes como Liberación, Los amaneceres son aquí apacibles, La lista de Schindler, La vida es bella y El pianista, entre otros. Muy impactante para mí fue la visita que en 1979 hice al ex campo de concentración de Buchenwald, en Weimar, pensando en todos los hombres, mujeres y niños que allí murieron y porque ese mismo día visité las casas de Goethe y Schiller. Cuesta creer que en la ciudad donde vivieron y murieron dos grandes de la literatura alemana y universal, los nazis hubieran instalado un sitio de hambre, terror y muerte.
-Fui una niña pobre, pero feliz. Jamás me acomplejó el bajo nivel escolar y cultural de mis padres, ni haber vivido en un barrio de gente humilde, con personajes como Piri Carbón, Cebolla, Paco Cabeza o el asturiano Fermín el Carbonero, que me guardaba las revistas Life, Good Housekeeping y National Geographic Magazine, llevadas por los vecinos para envolver el carbón. Esas revistas me servían para repasar el inglés, aprendido en un colegio gratuito que funcionaba en el mismo local de mi escuela primaria, de 6 de la tarde a 9 de la noche, y también para recortar fotos y anuncios para ilustrar los cuadernos de Economía Doméstica, asignatura que los barbudos eliminaron de los programas escolares. Era impartida por maestras graduadas de las Escuelas del Hogar, abolidas después que llegara el comandante y empezara a destruir.
-En la casa no teníamos nevera y todos los días se compraba una piedra de hielo, de 10 centavos en verano y de 5 centavos en invierno. Refrigerador tuvimos en 1959, un Frigidaire comprado de uso por 100 pesos. Y televisor en diciembre de 1977, un Krim soviético, en blanco y negro, de los que repartían a los trabajadores y que tras el pugilato correspondiente, me lo dieron, por no tener ausencias ni llegadas tardes. Ventilador y batidora no tendríamos hasta el 2000, nunca tuvimos cámaras fotográficas, grabadoras ni equipos de video. El electrodoméstico de mi infancia, adolescencia y juventud fue un radio, un RCA Victor que fue de mi abuela Pancha, quien creía en Dios y los santos y rezaba todas las noches antes de dormir. Nosotros no, mi familia, por parte de madre y de padre, era atea. Mis primos y yo éramos 'judíos', como antes le decían a los niños no bautizados. Una parte de mi familia materna era comunista, mi padre fue guardaespaldas de Blas Roca, secretario general del Partido Socialista Popular, de ideología marxista-leninista, y dos tías, hermanas de mi madre, en la década de 1930 fueron activas luchadoras por los derechos de las mujeres, obreros y campesinos en Sancti Spiritus, su provincia natal. No he sido militante de ningún partido, ni antes de 1959 ni después. Para mí, los partidos políticos son una especie de cofradía.
-Nunca me gustaron los 'muñequitos' o dibujos animados, ni en la televisión ni en el cine. Tampoco los comics o historietas, con excepción de La Pequeña Lulú. Entre mis películas favoritas se encontraban Picnic, Sayonara, Té y simpatía, Tres monedas en la fuente, Cantando bajo la lluvia y El puente sobre el río Kwai, estrenada en 1957, año que cumplí los 15, edad celebrada en Cuba según el bolsillo familiar. Como mis padres no podían hacerme una fiesta, me regalaron un juego de suéter rosado de orlon. Lo estrené con una saya acampanada de fieltro gris, confeccionada por Delia, la madre de Gladys, mi mejor amiguita. En la parte inferior, con retazos de fieltro de distintos colores, realizó un paisaje de los Alpes suizos con una vaquita, un diseño que resultaría una señal, una premonición: en 1957 no podía imaginar que 46 años después viviría en Suiza. Heidi no estuvo entre mis libros infantiles de cabecera, pero sí La Edad de Oro, de José Martí: Mujercitas, de Louise M. Alcott, y Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain.
¿Cómo empezaste en el periodismo?
-En el periodismo me inicié casualmente, en 1974. Mi primer texto fue una crónica sobre el campeonato de boxeo efectuado ese año en Cuba. Como no teníamos televisor, mi hijo Iván y yo veíamos las peleas en el televisor del cuarto que en el primer piso de nuestro edificio vivían Jorge Luis Piloto, hoy reconocido compositor cubanoamericano, su madre Beba y su hermano Juan Carlos. Esa crónica se la mostré a un periodista deportivo de Verde Olivo, creo se apellidaba Janer, a él le gustó y sugirió su publicación. Se titulaba En las esquinas roja y azul y aunque no me pagaron, marcó mi inicio en el periodismo. El deporte nacional en Cuba es la pelota. En mi infancia había cuatro clubes profesionales: Habana, Almendares, Marianao y Cienfuegos. Vivíamos relativamente cerca del Stadium del Cerro y a menudo yo iba con mis padres. Cuando en 1965 nació mi hijo Iván, antes de cumplir los 3 años mi madre lo llevaba al estadio, al que ya le habían puesto Latinoamericano. Si ese día no iban a la pelota, la escuchaban por la radio. Por cierto, Iván se inició en el periodismo independiente, en 1995, inaugurando una sección a la cual tituló Minideportivas de Cuba Press.
-Con regularidad comencé a escribir en 1975, en la revista Bohemia. En ese momento laboraba como secretaria en el Movimiento Cubano por la Paz y en la página internacional me publicaron sobre la temática de la paz. Después me convertí en colaboradora de Bohemia y uno de los trabajos más interesantes fue el de corresponsal viajera en Matanzas, cuando en 1976 impantaron el Poder Popular en esa provincia.
-Soy autodidacta. El periodismo es un oficio y los oficios se aprenden en la práctica: mientras más escribes y de más temas, mejor. En Bohemia pasé por casi todas las redacciones: En Cuba, Economía, Cultura, Historia... En casi todos los géneros: informaciones, crónicas, entrevistas, reportajes... Tal vez donde más me destaqué fue en el periodismo de investigación, algo que ahora se ha perdido. En la Sección Económica de Bohemia investigué y con especialistas, funcionarios y trabajadores, debatíamos y tratábamos de dar soluciones a temas muy variados: el desaprovechamiento de la piel de tiburón y otras pieles, como las de tilapia y rana toro; la industria textil y del calzado, donde tuve el apoyo del ministro de la Industria Ligera; el diseño de vestuario y de muebles, con respaldo de la Oficina de Diseño Industrial (en esa oficina laboré dos años, en el departamento de divulgación); el tiempo libre de los jóvenes y los círculos sociales obreros, entre otros. También hice varias series, una sobre los Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes y otra titulada El país de los cochecitos, sobre mi viaje a la República Democrática Alemana, en junio de 1979. De ese viaje de tres semanas, solamente en Bohemia publiqué 50 páginas.
-En 1982 me trasladé al Instituto Cubano de Radio y Televisión y tuve oportunidad de conocer y dominar un medio totalmente distinto. En la televisión conocí a profesionales de gran experiencia, directores, productores, camarógrafos, editores, musicalizadores, de todos aprendí y a todos los recuerdo con admiración. Algunos ya han muerto, como la presentadora chilena Mirella Latorre, en cuyo programa Conversando estuve un tiempo como guionista. Guiones escribí también para espacios musicales, entre ellos uno realizado en Trinidad, donde tuve el honor de trabajar con Manolo Rifat, uno de los mejores directores que ha tenido la TV cubana.
Se te conoce por ser una persona que dice las cosas como las piensa, sin tapujos, y de una transparencia más clara que el agua.
-Además de haber sido criada para que me convirtiera en una mujer independiente, sin miedo a decir lo que pensaba y sola fuera capaz de enfrentar la vida, tuve la suerte de nacer y crecer en una etapa donde había democracia y libertad de prensa, inclusive después que Fulgencio Batista diera el golpe de estado, el 10 de marzo de 1952, en pleno auge de la Guerra Fría y el mccarthysmo en Estados Unidos. Pienso que ese anticomunismo influyó para que Batista, quien en su primer mandato como presidente (1940-44) había pedido la colaboración de los comunistas, a partir del 52 los reprimiera.
-Siempre he dicho lo que he pensado. Mi primer empleo fue en agosto de 1959, cuando aún no había cumplido los 17 años. Me pagaban 47 pesos al mes, por trabajar de lunes a domingo, sin horario, como mecanógrafa y bibiliotecaria en el Comité Nacional del Partido Socialista Popular, en Carlos III y Marqués González. Allí se concentraba la flor y nata del comunismo criollo, hombres que me habían visto nacer, pero no por eso fueron complacientes conmigo. Se los agradezco, porque aprendí a trabajar con responsabilidad, mecanografiar sin borrones y a redactar cartas o lo que me pidieran. Me ayudó que nunca tuve faltas de ortografía y en las clases de gramática y composición sacaba el máximo. Y de la misma manera que ellos no tenían en cuenta que era la hija del 'gordo Quintero' y fueron muy exigentes conmigo, yo a ellos les decía lo que pensaba y lo aceptaban, porque los comunistas que yo conocí eran demócratas.
-Era muy joven, pero de absoluta confianza, por eso me pidieron que pasara en limpio las actas de sus reuniones donde hablaban muchas cosas importantes y que mecanografiara los mensajes enviados a 'Alejandro', seudónimo de Fidel Castro. Acerca de los 19 meses que trabajé con los comunistas, en mi blog publiqué un testimonio en cinco partes titulado Harry Potter y la revolución escatimada. Con tales antecedentes, no podía temerle a ningún dirigente de verde olivo, empezando por Fidel Castro, quien el 12 de mayo de 1986 me recibió en el Palacio de la Revolución.
¿Cuándo empezaste a desencantarte del proceso castrista para algunos todavía revolucionario? ¿Fue fácil para tí?
-Como nunca milité en el PSP ni en el PCC, como jamás he tenido miedo de decir lo que pienso y como mi padre siempre me aconsejó no contraer deudas de gratitud con nadie, no fue demasiado traumatizante dejar de simpatizar con Fidel Castro y su revolución. Quienes me conocen bien saben que siempre fui 'conflictiva', y le cantaba las cuarenta a quien tuviera que cantárselas, casi todos jefes y funcionarios. Y después que les decía todo lo que consideraba debía decirles, recogía mis matules y me trasladaba a otro puesto de trabajo. Al ser una mecanógrafa que tecleaba con gran rapidez, en español e inglés (aprendí mecanografía y taquigrafía en los dos idiomas en la Havana Business Academy) y además sabía redactar, lo mismo una carta que un artículo, hoy dejaba de trabajar en un lugar y al día siguiente ya estaba en otro. En 37 años, desde agosto de 1959 a marzo de 1996, trabajé en una docena de centros distintos, como mecanógrafa, bibliotecaria, secretaria, divulgadora, maestra de adultos y periodista.
Estuviste detenida y tu hijo, el periodista Iván García, que sigue en Cuba, también, ¿por qué, cómo sucedió?
-Estuve detenida dos veces, el 21 y 22 de enero de 1997, 48 horas en un calabozo de la estación de policía situada en Zapata y C, Vedado. Me arrestaron junto con Juan Antonio Sánchez, también de Cuba Press, cuando salíamos de la Embajada Checa, en el Nuevo Vedado. Y entre el 1 y 2 de marzo de 1999 permanecí 29 horas en un calabozo de la unidad policial de 7ma. y 62, Miramar. Me detuvieron cuando me dirigía al juicio a los cuatro miembros del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna (Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca Antúnez, Félix Bonne Carcassés y René Gómez Manzano), redactores de La Patria es de Todos. Sobre la detención de Iván en Villa Marista, mejor leer Pistola en mano.
-La felicidad no la da el dinero, ni vivir en una buena casa y tener un cajón lleno de juguetes. No tuve nada de eso en mi infancia y fui feliz. Hubiera deseado tener un hermano, no lo tuve, pero haber sido hija única no me hizo una niña triste ni infeliz. Desde muy pequeña mis padres me prepararon para enfrentar la vida, sin tener que depender de nadie. A los 10 años me dejaban ir sola al Roosevelt, el cine del barrio y también al Ten Cent, a comprar aquellos útiles escolares que no vendían en La Casa Bulman, al doblar de la casa. A los 12, dos veces al año, mi padre me daba 10 pesos, para que en verano me comprara un vestido y un par de zapatos blancos, y en invierno, otro vestido y otro par de zapatos, esta vez negros, de charol. En mi época, los meses más fríos eran enero y febrero. Febrero era el mes del Carnaval en La Habana, celebrado a lo largo del Paseo del Prado, desde el Malecón hasta la calle Monte. Nuestro barrio, El Pilar, era colindante con el de Atarés, cuna de una de las más famosas comparsas habaneras, Los Marqueses de Atarés, que siempre recorrían las calles de las dos barriadas y la gente arrollaba detrás.
-Mi padre, nacido en Palmira, Cienfuegos, de joven había sido panadero, pero luego se hizo barbero ambulante, oficio que alternó con el de escolta, por su biotipo: un mulato que medía 6 pies y pesaba 200 libras. Mi madre, de constitución delgada, nació en el seno de una familia campesina, en Sancti Spiritus y siempre fue ama de casa. En sus documentos se decía que era de la raza blanca, pero en realidad era 'capirra', como en Cuba le dicen a las mestizas de piel clara y pelo 'bueno'. Mis padres sabían sacar cuentas, leer y escribir, les gustaba leer la prensa, escuchar noticieros y eran aficionados a la pelota (béisbol). A pesar de que ninguno de los dos terminó la enseñanza primaria y a diferencia de otros padres, que atosigaban a sus hijos para que fueran médicos, abogados, ingenieros, ellos no me presionaron para que hiciera una carrera universitaria. Me dieron libertad para que yo estudiara lo que quisiera. Cuando terminé la Superior (secundaria) matriculé en la Escuela Profesional de Comercio de La Habana, pero no llegué a graduarme de Contabilidad. Fui una alumna aplicada, con buenas notas. En la Primaria, los 28 de Enero íbamos a pie hasta el Parque Central, cada alumna con una rosa blanca, que depositábamos ante la estatua del Apóstol José Martí. Nos encantaban las excursiones escolares, al Valle Viñales, las Cuevas de Bellamar, el Parque Zoológico... Durante la Semana del Niño recorríamos las fábricas de los alrededores, las preferidas eran La Estrella, donde nos regalaban galletas y confituras o la de chocolate La Española, en Infanta y Estévez, ya desaparecida. Participaba en los actos cívicos de los viernes, en concursos de historia y en visitas para llevarle tabacos a los veteranos, como eran conocidos los antiguos mambises.
-He olvidado decir que nací en La Habana, el 10 de noviembre de 1942. Por esos días, la ciudad de Leningrado, nombre que los bolcheviques pusieron a San Petersburgo, era asediada por tropas hitlerianas. Aunque Cuba quedaba a miles de kilómetros de Europa, los cubanos vivían pendientes de las noticias procedentes del viejo continente, y al igual que hicieron cuando la República española, la gente recogía leche condensada, chocolate, azúcar, sal y otros alimentos no perecederos y hacían llegar esas donaciones. Entonces en la isla se producían muchos tomates y hortalizas, y éstos se mandaban frescos a Estados Unidos y allí los procesaban y enviaban a los combatientes del Segundo Frente. Haber nacido en 1942 me aficionó a la literatura y la cinematografía sobre la Segunda Guerra Mundial, a filmes como Liberación, Los amaneceres son aquí apacibles, La lista de Schindler, La vida es bella y El pianista, entre otros. Muy impactante para mí fue la visita que en 1979 hice al ex campo de concentración de Buchenwald, en Weimar, pensando en todos los hombres, mujeres y niños que allí murieron y porque ese mismo día visité las casas de Goethe y Schiller. Cuesta creer que en la ciudad donde vivieron y murieron dos grandes de la literatura alemana y universal, los nazis hubieran instalado un sitio de hambre, terror y muerte.
-Fui una niña pobre, pero feliz. Jamás me acomplejó el bajo nivel escolar y cultural de mis padres, ni haber vivido en un barrio de gente humilde, con personajes como Piri Carbón, Cebolla, Paco Cabeza o el asturiano Fermín el Carbonero, que me guardaba las revistas Life, Good Housekeeping y National Geographic Magazine, llevadas por los vecinos para envolver el carbón. Esas revistas me servían para repasar el inglés, aprendido en un colegio gratuito que funcionaba en el mismo local de mi escuela primaria, de 6 de la tarde a 9 de la noche, y también para recortar fotos y anuncios para ilustrar los cuadernos de Economía Doméstica, asignatura que los barbudos eliminaron de los programas escolares. Era impartida por maestras graduadas de las Escuelas del Hogar, abolidas después que llegara el comandante y empezara a destruir.
-En la casa no teníamos nevera y todos los días se compraba una piedra de hielo, de 10 centavos en verano y de 5 centavos en invierno. Refrigerador tuvimos en 1959, un Frigidaire comprado de uso por 100 pesos. Y televisor en diciembre de 1977, un Krim soviético, en blanco y negro, de los que repartían a los trabajadores y que tras el pugilato correspondiente, me lo dieron, por no tener ausencias ni llegadas tardes. Ventilador y batidora no tendríamos hasta el 2000, nunca tuvimos cámaras fotográficas, grabadoras ni equipos de video. El electrodoméstico de mi infancia, adolescencia y juventud fue un radio, un RCA Victor que fue de mi abuela Pancha, quien creía en Dios y los santos y rezaba todas las noches antes de dormir. Nosotros no, mi familia, por parte de madre y de padre, era atea. Mis primos y yo éramos 'judíos', como antes le decían a los niños no bautizados. Una parte de mi familia materna era comunista, mi padre fue guardaespaldas de Blas Roca, secretario general del Partido Socialista Popular, de ideología marxista-leninista, y dos tías, hermanas de mi madre, en la década de 1930 fueron activas luchadoras por los derechos de las mujeres, obreros y campesinos en Sancti Spiritus, su provincia natal. No he sido militante de ningún partido, ni antes de 1959 ni después. Para mí, los partidos políticos son una especie de cofradía.
-Nunca me gustaron los 'muñequitos' o dibujos animados, ni en la televisión ni en el cine. Tampoco los comics o historietas, con excepción de La Pequeña Lulú. Entre mis películas favoritas se encontraban Picnic, Sayonara, Té y simpatía, Tres monedas en la fuente, Cantando bajo la lluvia y El puente sobre el río Kwai, estrenada en 1957, año que cumplí los 15, edad celebrada en Cuba según el bolsillo familiar. Como mis padres no podían hacerme una fiesta, me regalaron un juego de suéter rosado de orlon. Lo estrené con una saya acampanada de fieltro gris, confeccionada por Delia, la madre de Gladys, mi mejor amiguita. En la parte inferior, con retazos de fieltro de distintos colores, realizó un paisaje de los Alpes suizos con una vaquita, un diseño que resultaría una señal, una premonición: en 1957 no podía imaginar que 46 años después viviría en Suiza. Heidi no estuvo entre mis libros infantiles de cabecera, pero sí La Edad de Oro, de José Martí: Mujercitas, de Louise M. Alcott, y Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain.
¿Cómo empezaste en el periodismo?
-En el periodismo me inicié casualmente, en 1974. Mi primer texto fue una crónica sobre el campeonato de boxeo efectuado ese año en Cuba. Como no teníamos televisor, mi hijo Iván y yo veíamos las peleas en el televisor del cuarto que en el primer piso de nuestro edificio vivían Jorge Luis Piloto, hoy reconocido compositor cubanoamericano, su madre Beba y su hermano Juan Carlos. Esa crónica se la mostré a un periodista deportivo de Verde Olivo, creo se apellidaba Janer, a él le gustó y sugirió su publicación. Se titulaba En las esquinas roja y azul y aunque no me pagaron, marcó mi inicio en el periodismo. El deporte nacional en Cuba es la pelota. En mi infancia había cuatro clubes profesionales: Habana, Almendares, Marianao y Cienfuegos. Vivíamos relativamente cerca del Stadium del Cerro y a menudo yo iba con mis padres. Cuando en 1965 nació mi hijo Iván, antes de cumplir los 3 años mi madre lo llevaba al estadio, al que ya le habían puesto Latinoamericano. Si ese día no iban a la pelota, la escuchaban por la radio. Por cierto, Iván se inició en el periodismo independiente, en 1995, inaugurando una sección a la cual tituló Minideportivas de Cuba Press.
-Con regularidad comencé a escribir en 1975, en la revista Bohemia. En ese momento laboraba como secretaria en el Movimiento Cubano por la Paz y en la página internacional me publicaron sobre la temática de la paz. Después me convertí en colaboradora de Bohemia y uno de los trabajos más interesantes fue el de corresponsal viajera en Matanzas, cuando en 1976 impantaron el Poder Popular en esa provincia.
-Soy autodidacta. El periodismo es un oficio y los oficios se aprenden en la práctica: mientras más escribes y de más temas, mejor. En Bohemia pasé por casi todas las redacciones: En Cuba, Economía, Cultura, Historia... En casi todos los géneros: informaciones, crónicas, entrevistas, reportajes... Tal vez donde más me destaqué fue en el periodismo de investigación, algo que ahora se ha perdido. En la Sección Económica de Bohemia investigué y con especialistas, funcionarios y trabajadores, debatíamos y tratábamos de dar soluciones a temas muy variados: el desaprovechamiento de la piel de tiburón y otras pieles, como las de tilapia y rana toro; la industria textil y del calzado, donde tuve el apoyo del ministro de la Industria Ligera; el diseño de vestuario y de muebles, con respaldo de la Oficina de Diseño Industrial (en esa oficina laboré dos años, en el departamento de divulgación); el tiempo libre de los jóvenes y los círculos sociales obreros, entre otros. También hice varias series, una sobre los Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes y otra titulada El país de los cochecitos, sobre mi viaje a la República Democrática Alemana, en junio de 1979. De ese viaje de tres semanas, solamente en Bohemia publiqué 50 páginas.
-En 1982 me trasladé al Instituto Cubano de Radio y Televisión y tuve oportunidad de conocer y dominar un medio totalmente distinto. En la televisión conocí a profesionales de gran experiencia, directores, productores, camarógrafos, editores, musicalizadores, de todos aprendí y a todos los recuerdo con admiración. Algunos ya han muerto, como la presentadora chilena Mirella Latorre, en cuyo programa Conversando estuve un tiempo como guionista. Guiones escribí también para espacios musicales, entre ellos uno realizado en Trinidad, donde tuve el honor de trabajar con Manolo Rifat, uno de los mejores directores que ha tenido la TV cubana.
Se te conoce por ser una persona que dice las cosas como las piensa, sin tapujos, y de una transparencia más clara que el agua.
-Además de haber sido criada para que me convirtiera en una mujer independiente, sin miedo a decir lo que pensaba y sola fuera capaz de enfrentar la vida, tuve la suerte de nacer y crecer en una etapa donde había democracia y libertad de prensa, inclusive después que Fulgencio Batista diera el golpe de estado, el 10 de marzo de 1952, en pleno auge de la Guerra Fría y el mccarthysmo en Estados Unidos. Pienso que ese anticomunismo influyó para que Batista, quien en su primer mandato como presidente (1940-44) había pedido la colaboración de los comunistas, a partir del 52 los reprimiera.
-Siempre he dicho lo que he pensado. Mi primer empleo fue en agosto de 1959, cuando aún no había cumplido los 17 años. Me pagaban 47 pesos al mes, por trabajar de lunes a domingo, sin horario, como mecanógrafa y bibiliotecaria en el Comité Nacional del Partido Socialista Popular, en Carlos III y Marqués González. Allí se concentraba la flor y nata del comunismo criollo, hombres que me habían visto nacer, pero no por eso fueron complacientes conmigo. Se los agradezco, porque aprendí a trabajar con responsabilidad, mecanografiar sin borrones y a redactar cartas o lo que me pidieran. Me ayudó que nunca tuve faltas de ortografía y en las clases de gramática y composición sacaba el máximo. Y de la misma manera que ellos no tenían en cuenta que era la hija del 'gordo Quintero' y fueron muy exigentes conmigo, yo a ellos les decía lo que pensaba y lo aceptaban, porque los comunistas que yo conocí eran demócratas.
-Era muy joven, pero de absoluta confianza, por eso me pidieron que pasara en limpio las actas de sus reuniones donde hablaban muchas cosas importantes y que mecanografiara los mensajes enviados a 'Alejandro', seudónimo de Fidel Castro. Acerca de los 19 meses que trabajé con los comunistas, en mi blog publiqué un testimonio en cinco partes titulado Harry Potter y la revolución escatimada. Con tales antecedentes, no podía temerle a ningún dirigente de verde olivo, empezando por Fidel Castro, quien el 12 de mayo de 1986 me recibió en el Palacio de la Revolución.
¿Cuándo empezaste a desencantarte del proceso castrista para algunos todavía revolucionario? ¿Fue fácil para tí?
-Como nunca milité en el PSP ni en el PCC, como jamás he tenido miedo de decir lo que pienso y como mi padre siempre me aconsejó no contraer deudas de gratitud con nadie, no fue demasiado traumatizante dejar de simpatizar con Fidel Castro y su revolución. Quienes me conocen bien saben que siempre fui 'conflictiva', y le cantaba las cuarenta a quien tuviera que cantárselas, casi todos jefes y funcionarios. Y después que les decía todo lo que consideraba debía decirles, recogía mis matules y me trasladaba a otro puesto de trabajo. Al ser una mecanógrafa que tecleaba con gran rapidez, en español e inglés (aprendí mecanografía y taquigrafía en los dos idiomas en la Havana Business Academy) y además sabía redactar, lo mismo una carta que un artículo, hoy dejaba de trabajar en un lugar y al día siguiente ya estaba en otro. En 37 años, desde agosto de 1959 a marzo de 1996, trabajé en una docena de centros distintos, como mecanógrafa, bibliotecaria, secretaria, divulgadora, maestra de adultos y periodista.
Cuéntanos cómo entraste en el periodismo independiente y en la disidencia.
-No me considero disidente, porque los disidentes cumplen funciones políticas, de agitación y propaganda o son activistas de derechos humanos, se agrupan en partidos y organizaciones y eso nunca lo hice. Soy periodista, nada más. En la agencia de periodismo independiente Cuba Press comencé desde su fundación, el 23 de septiembre de 1995. Escribía lo que pasaba a mi alrededor, con especial énfasis en las mujeres y los negros. Igualmente reportaba sobre la oposición, los opositores y sus actos contestatarios. A partir de los 90 escribí bastante del 'período especial', en mi blog se pueden leer algunos de esos relatos. Lo que determinó que dejara el periodismo oficial y me sumara al periodismo independiente fue la detención de mi hijo el 8 de marzo de 1991. Fue la gota que colmó el vaso de mis decepciones: ése no era el socialismo por el cual mi padre había luchado y yo de niña había leído en aquellas revistas dedicadas a las 'bondades' de las "democracias populares", como en 1940-50 se autodenominaban los países del bloque socialista o telón de hierro.
-No me considero disidente, porque los disidentes cumplen funciones políticas, de agitación y propaganda o son activistas de derechos humanos, se agrupan en partidos y organizaciones y eso nunca lo hice. Soy periodista, nada más. En la agencia de periodismo independiente Cuba Press comencé desde su fundación, el 23 de septiembre de 1995. Escribía lo que pasaba a mi alrededor, con especial énfasis en las mujeres y los negros. Igualmente reportaba sobre la oposición, los opositores y sus actos contestatarios. A partir de los 90 escribí bastante del 'período especial', en mi blog se pueden leer algunos de esos relatos. Lo que determinó que dejara el periodismo oficial y me sumara al periodismo independiente fue la detención de mi hijo el 8 de marzo de 1991. Fue la gota que colmó el vaso de mis decepciones: ése no era el socialismo por el cual mi padre había luchado y yo de niña había leído en aquellas revistas dedicadas a las 'bondades' de las "democracias populares", como en 1940-50 se autodenominaban los países del bloque socialista o telón de hierro.
Estuviste detenida y tu hijo, el periodista Iván García, que sigue en Cuba, también, ¿por qué, cómo sucedió?
-Estuve detenida dos veces, el 21 y 22 de enero de 1997, 48 horas en un calabozo de la estación de policía situada en Zapata y C, Vedado. Me arrestaron junto con Juan Antonio Sánchez, también de Cuba Press, cuando salíamos de la Embajada Checa, en el Nuevo Vedado. Y entre el 1 y 2 de marzo de 1999 permanecí 29 horas en un calabozo de la unidad policial de 7ma. y 62, Miramar. Me detuvieron cuando me dirigía al juicio a los cuatro miembros del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna (Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca Antúnez, Félix Bonne Carcassés y René Gómez Manzano), redactores de La Patria es de Todos. Sobre la detención de Iván en Villa Marista, mejor leer Pistola en mano.
¿En qué año te exiliaste? Vives desde entonces en Suiza, ¿por qué Lucerna?
-El asilo político lo solicité el 24 de junio de 2003 y el 30 de julio, apenas un mes después, el embajador suizo personalmente me comunicó que nos lo habían concedido, a mí, a mis dos hijos y a mi nieta mayor. Mi hijo escribió al gobierno suizo que de momento no viajaría: la novia que tenía había salido embarazada y el 3 de febrero había dado a luz una niña, de lo que me enteré estando ya en Suiza. Mi hija, mi nieta mayor y yo salimos de Cuba a las 8 de la noche del martes 25 de noviembre de 2003, en un vuelo de Air France. Sobre las 9 de la mañana del miércoles 26 hicimos escala en París, y alrededor de las 12 del día montamos un Easy Jet rumbo a Zürich, a donde llegamos unas dos horas más tarde. Aunque teníamos el asilo político concedido desde Cuba, del 26 de noviembre de 2003 al 1 de marzo de 2004, cuando nos mudamos al apartamento actual, en un barrio de extranjeros e inmigrantes (porque así lo quisimos), durante tres meses estuvimos en albergues para solicitantes de asilo, en Kreuzlingen, en Thurgau, cantón fronterizo con Alemania, y en Sonnenhof y Ritahaus, en Lucerna. Fue una experiencia enriquecedora, porque tuvimos oportunidad de conocer a represaliados africanos, árabes, musulmanes, tibetanos...
-Desde la primera vez que estuve en la Embajada Suiza en La Habana, fui cogiendo materiales en español que ponían a disposición de los visitantes. Empecé a leer y documentarme sobre la Confederación Helvética y en hojitas de papel iba tomando notas, confeccioné un fichero que aún conservo. Así que a Suiza llegué con un mínimo de conocimientos del país y su gente. Lo que desde el principio tuve claro que ya que nos íbamos de Cuba, lo mejor, sobre todo por mi nieta, entonces con 9 años, no era ir a los cantones franceses e italianos, con idiomas más fáciles de aprender para un cubano, si no a los cantones de la Suiza alemana, los más desarrollados y disciplinados. En cuatro meses mi nieta aprendió alemán suficiente para comenzar en la escuela. Al principio fue duro para ella, pero después que dominó el alemán y el suizoalemán (dialecto), con facilidad aprendió inglés y francés. El cantón de Lucerna lo escogí porque se puede vivir en el anonimato y porque el único periodista suizo que conocía residía en Lucerna, aunque mi amistad con él no duraría mucho tiempo. En enero de 2005 me envió un correo electrónico que consideré machista y lo mandé a freír tusas.
-El asilo político lo solicité el 24 de junio de 2003 y el 30 de julio, apenas un mes después, el embajador suizo personalmente me comunicó que nos lo habían concedido, a mí, a mis dos hijos y a mi nieta mayor. Mi hijo escribió al gobierno suizo que de momento no viajaría: la novia que tenía había salido embarazada y el 3 de febrero había dado a luz una niña, de lo que me enteré estando ya en Suiza. Mi hija, mi nieta mayor y yo salimos de Cuba a las 8 de la noche del martes 25 de noviembre de 2003, en un vuelo de Air France. Sobre las 9 de la mañana del miércoles 26 hicimos escala en París, y alrededor de las 12 del día montamos un Easy Jet rumbo a Zürich, a donde llegamos unas dos horas más tarde. Aunque teníamos el asilo político concedido desde Cuba, del 26 de noviembre de 2003 al 1 de marzo de 2004, cuando nos mudamos al apartamento actual, en un barrio de extranjeros e inmigrantes (porque así lo quisimos), durante tres meses estuvimos en albergues para solicitantes de asilo, en Kreuzlingen, en Thurgau, cantón fronterizo con Alemania, y en Sonnenhof y Ritahaus, en Lucerna. Fue una experiencia enriquecedora, porque tuvimos oportunidad de conocer a represaliados africanos, árabes, musulmanes, tibetanos...
-Desde la primera vez que estuve en la Embajada Suiza en La Habana, fui cogiendo materiales en español que ponían a disposición de los visitantes. Empecé a leer y documentarme sobre la Confederación Helvética y en hojitas de papel iba tomando notas, confeccioné un fichero que aún conservo. Así que a Suiza llegué con un mínimo de conocimientos del país y su gente. Lo que desde el principio tuve claro que ya que nos íbamos de Cuba, lo mejor, sobre todo por mi nieta, entonces con 9 años, no era ir a los cantones franceses e italianos, con idiomas más fáciles de aprender para un cubano, si no a los cantones de la Suiza alemana, los más desarrollados y disciplinados. En cuatro meses mi nieta aprendió alemán suficiente para comenzar en la escuela. Al principio fue duro para ella, pero después que dominó el alemán y el suizoalemán (dialecto), con facilidad aprendió inglés y francés. El cantón de Lucerna lo escogí porque se puede vivir en el anonimato y porque el único periodista suizo que conocía residía en Lucerna, aunque mi amistad con él no duraría mucho tiempo. En enero de 2005 me envió un correo electrónico que consideré machista y lo mandé a freír tusas.
¿Qué has aprendido en el exilio o qué conocimientos pudiste poner en práctica?
-Para ser totalmente sincera, de quien he aprendido mucho en estos casi nueve años ha sido de los suizos y de Suiza. De los suizos, por su forma de trabajar y de ser, y de Suiza por su democracia, una de las más avanzadas del mundo, todo lo someten a votaciones y referendos, y es la población la que decide si aprueban o no una ley o medida. Al exilio ya lo conocía desde Cuba, a través de Radio Martí, así conocí a personalidades como Luis Aguilar León, en cuyo programa participaba a cada rato. Ya en Suiza, a partir de 2004 me relacioné por email o teléfono con exiliados cubanos residentes en Europa y Estados Unidos; conocí a cubanos que no eran refugiados políticos y contacté con amistades mías de La Habana, ahora establecidas en el exterior. En el exilio, como en todo conglomerado humano, hay personas con diversas formas de pensar y analizar los problemas. Unos son más radicales que otros, y no todos son tolerantes hacia quienes tienen diferentes puntos de vista. Es cierto que somos un solo pueblo, pero veo difícil que los cubanos de adentro y de afuera lleguemos a ponernos de acuerdo. Son demasiados años viviendo alejados, en sociedades muy distintas.
-En 2004 me regalaron una computadora, bastante vieja. Tuve que adaptarme al teclado en alemán y aprender a poner acentos y tildes. Un viejo amigo de mi familia solía decir que uno está contínuamente aprendiendo y así es. No creo que haya podido poner en práctica los conocimientos adquiridos en Cuba, porque a Suiza llegué con 61 años, ya en edad de retiro y las neuronas un poco cansadas para aprender idiomas. Lo más importante ha sido el descubrimiento de internet y poder estar cada día bien informada de lo que pasa en Cuba y el mundo. Vivir en un país capitalista desarrollado no ha cambiado mis hábitos de vida ni mi pensamiento. En Cuba las marcas me resbalaban, en Suiza también, no me deslumbra el consumo ni el lujo. En Cuba apagaba las luces innecesarias, ahorraba agua y recogía papel y cartón, en Suiza también. Aunque Suiza tiene fama por sus relojes, yo uso el mismo reloj que un matrimonio suizo me obsequió en diciembre de 2003, les costó 50 francos y me ha salido buenísimo. No he tenido ni me interesa tener celular. A mi nieta en 2009 le regalé un iPhone y básicamente lo utiliza para almacenar y escuchar música, imprescindible para sus clases de Stimmbildung (adiestramiento de la voz en el canto) y sus actuaciones como solista en el coro de su instituto de bachillerato.
-Para ser totalmente sincera, de quien he aprendido mucho en estos casi nueve años ha sido de los suizos y de Suiza. De los suizos, por su forma de trabajar y de ser, y de Suiza por su democracia, una de las más avanzadas del mundo, todo lo someten a votaciones y referendos, y es la población la que decide si aprueban o no una ley o medida. Al exilio ya lo conocía desde Cuba, a través de Radio Martí, así conocí a personalidades como Luis Aguilar León, en cuyo programa participaba a cada rato. Ya en Suiza, a partir de 2004 me relacioné por email o teléfono con exiliados cubanos residentes en Europa y Estados Unidos; conocí a cubanos que no eran refugiados políticos y contacté con amistades mías de La Habana, ahora establecidas en el exterior. En el exilio, como en todo conglomerado humano, hay personas con diversas formas de pensar y analizar los problemas. Unos son más radicales que otros, y no todos son tolerantes hacia quienes tienen diferentes puntos de vista. Es cierto que somos un solo pueblo, pero veo difícil que los cubanos de adentro y de afuera lleguemos a ponernos de acuerdo. Son demasiados años viviendo alejados, en sociedades muy distintas.
-En 2004 me regalaron una computadora, bastante vieja. Tuve que adaptarme al teclado en alemán y aprender a poner acentos y tildes. Un viejo amigo de mi familia solía decir que uno está contínuamente aprendiendo y así es. No creo que haya podido poner en práctica los conocimientos adquiridos en Cuba, porque a Suiza llegué con 61 años, ya en edad de retiro y las neuronas un poco cansadas para aprender idiomas. Lo más importante ha sido el descubrimiento de internet y poder estar cada día bien informada de lo que pasa en Cuba y el mundo. Vivir en un país capitalista desarrollado no ha cambiado mis hábitos de vida ni mi pensamiento. En Cuba las marcas me resbalaban, en Suiza también, no me deslumbra el consumo ni el lujo. En Cuba apagaba las luces innecesarias, ahorraba agua y recogía papel y cartón, en Suiza también. Aunque Suiza tiene fama por sus relojes, yo uso el mismo reloj que un matrimonio suizo me obsequió en diciembre de 2003, les costó 50 francos y me ha salido buenísimo. No he tenido ni me interesa tener celular. A mi nieta en 2009 le regalé un iPhone y básicamente lo utiliza para almacenar y escuchar música, imprescindible para sus clases de Stimmbildung (adiestramiento de la voz en el canto) y sus actuaciones como solista en el coro de su instituto de bachillerato.
Iván García y tú tienen tienen tres blogs, muy conocidos fuera de Cuba. Él describe lo que vive, experimenta, como un periodista independiente, más que como un bloguero. Tú igual, desde el exilio. Publican en medios del exilio también. ¿Cómo un periodista real se plantea la noticia?
-Al vivir Iván en Cuba, sin acceso a internet, con prensa y canales televisivos controlados por el régimen, y yo en Suiza, con adsl las 24 horas, más de 200 canales de más de 50 países y la posibilidad de comprar periódicos, revistas y libros en español, las noticias y sus realidades las vemos desde distintos ángulos. Pero no muy diferentes, pues él, gracias a un radio Sony de onda corta que hace dos años le envié, se mantiene bien informado. Si en Cuba escuchas la BBC, Radio Exterior de España, Radio Francia Internacional, Radio Nederland, la Voz de los Estados Unidos y Radio Martí, estarás al día de lo que pasa en tu país y el mundo. Iván y yo nos planteamos las noticias de la misma manera, lo único que él no siempre puede reportar un suceso con la inmediatez que quisiera. Yo podría, pero prefiero dejarle esos espacios a los periodistas independientes que escriben desde la isla. Los tres blogs que tenemos me roban bastante tiempo, sus perfiles son periodísticos, no noticiosos.
-Al vivir Iván en Cuba, sin acceso a internet, con prensa y canales televisivos controlados por el régimen, y yo en Suiza, con adsl las 24 horas, más de 200 canales de más de 50 países y la posibilidad de comprar periódicos, revistas y libros en español, las noticias y sus realidades las vemos desde distintos ángulos. Pero no muy diferentes, pues él, gracias a un radio Sony de onda corta que hace dos años le envié, se mantiene bien informado. Si en Cuba escuchas la BBC, Radio Exterior de España, Radio Francia Internacional, Radio Nederland, la Voz de los Estados Unidos y Radio Martí, estarás al día de lo que pasa en tu país y el mundo. Iván y yo nos planteamos las noticias de la misma manera, lo único que él no siempre puede reportar un suceso con la inmediatez que quisiera. Yo podría, pero prefiero dejarle esos espacios a los periodistas independientes que escriben desde la isla. Los tres blogs que tenemos me roban bastante tiempo, sus perfiles son periodísticos, no noticiosos.
¿Cómo ves la disidencia en la isla y los nuevos comunicadores que se han reproducido a montones sin que eso signifique que el pueblo sea verdaderamente informado?
-A la disidencia y el periodismo independiente trataron de descabezarlos y desguasarlos en 2003. Ha resistido el embate y ha sobrevivido, a pesar de todos los encarcelados, exiliados, desterrados... Ha surgido una nueva generación de disidentes, periodistas independientes y últimamente de blogueros alternativos, pero también, paralelamente, otra de seudodisidentes. Están los que se meten a 'disidentes' para hacerse de un curriculum y solicitar una visa de refugiado político en la Sección de Intereses de los Estados Unidos, y los que a ciencia cierta no se sabe quiénes son ni quién o quiénes están detrás de ellos. Cuesta creer cómo de la noche a la mañana se convierten en personajes famosos, tienen recursos para enviar mensajes, fotos y videos y subirlos a internet con una facilidad increíble. Cuando a mí me pueden mandar fotos de mi nieta que vive en La Habana, me las envían en tamaño reducido. Debido a las lentas conexiones, enviar fotos de gran tamaño y videos no lo pueden hacer ni todos los cubanos ni todos los disidentes y periodistas independientes.
-Hablando sin tapujos. De lo que escriben los periodistas independientes y los blogueros alternativos muy pocos dentro de Cuba se enteran, porque sus textos se difunden en internet y en la isla es ínfimo el porcentaje de la población con acceso a la red, y cuando alguien paga 6 o 7 pesos cubanos convertibles para conectarse durante una hora, utiliza ese tiempo para pasar correos a su familia o echarle un vistazo a noticias de su interés, por lo regular de música, cine, deportes... Menos aún los cubanos de la isla se enteran de todos esos videos realizados por los nuevos comunicadores, quienes parecen han pasado la escuela de la oratoria de Fidel Castro y meten unos 'teques' (discursos) demasiado largos, gesticulando y utilizando una verborrea similar a la de los dirigentes castristas. Todo lo que desde Cuba ellos escriben, fotografían y twittean es para consumo externo. Pueden darse el lujo de recorrer a pie todo el país que a no ser la policía política, nadie los conoce. De 1995, cuando me hice periodista independiente, a la fecha, dos tandas de infiltrados por el Departamento de Seguridad del Estado han salido a la luz en 17 años: una en abril de 2003 y otra en enero de 2011. Al parecer, el tiempo de vida útil de un informante o chivatiente es de 7-8 años. Así que los próximos se supone sean 'quemados' en 2018 o 2019. Si aquello no explota antes.
-A la disidencia y el periodismo independiente trataron de descabezarlos y desguasarlos en 2003. Ha resistido el embate y ha sobrevivido, a pesar de todos los encarcelados, exiliados, desterrados... Ha surgido una nueva generación de disidentes, periodistas independientes y últimamente de blogueros alternativos, pero también, paralelamente, otra de seudodisidentes. Están los que se meten a 'disidentes' para hacerse de un curriculum y solicitar una visa de refugiado político en la Sección de Intereses de los Estados Unidos, y los que a ciencia cierta no se sabe quiénes son ni quién o quiénes están detrás de ellos. Cuesta creer cómo de la noche a la mañana se convierten en personajes famosos, tienen recursos para enviar mensajes, fotos y videos y subirlos a internet con una facilidad increíble. Cuando a mí me pueden mandar fotos de mi nieta que vive en La Habana, me las envían en tamaño reducido. Debido a las lentas conexiones, enviar fotos de gran tamaño y videos no lo pueden hacer ni todos los cubanos ni todos los disidentes y periodistas independientes.
-Hablando sin tapujos. De lo que escriben los periodistas independientes y los blogueros alternativos muy pocos dentro de Cuba se enteran, porque sus textos se difunden en internet y en la isla es ínfimo el porcentaje de la población con acceso a la red, y cuando alguien paga 6 o 7 pesos cubanos convertibles para conectarse durante una hora, utiliza ese tiempo para pasar correos a su familia o echarle un vistazo a noticias de su interés, por lo regular de música, cine, deportes... Menos aún los cubanos de la isla se enteran de todos esos videos realizados por los nuevos comunicadores, quienes parecen han pasado la escuela de la oratoria de Fidel Castro y meten unos 'teques' (discursos) demasiado largos, gesticulando y utilizando una verborrea similar a la de los dirigentes castristas. Todo lo que desde Cuba ellos escriben, fotografían y twittean es para consumo externo. Pueden darse el lujo de recorrer a pie todo el país que a no ser la policía política, nadie los conoce. De 1995, cuando me hice periodista independiente, a la fecha, dos tandas de infiltrados por el Departamento de Seguridad del Estado han salido a la luz en 17 años: una en abril de 2003 y otra en enero de 2011. Al parecer, el tiempo de vida útil de un informante o chivatiente es de 7-8 años. Así que los próximos se supone sean 'quemados' en 2018 o 2019. Si aquello no explota antes.
En mayo pasado publicaste un libro en internet, ¿podrías hablarnos sucintamente?
-Ese libro lo comencé a escribir en diciembre de 2002, en la mesa del comedor de mi apartamento en La Habana. Escribía directamente en la máquina de escribir, no sabía si algún día lograría publicarlo, pero pensé que a los 60 años ya era hora de volcar en blanco y negro algunas vivencias. Tenía 61 cuartillas redactadas cuando el 18 de marzo de 2003 fue desatada una feroz oleada represiva. Saqué de mi casa esas cuartillas y después logré que un turista suizo me las trajera a Lucerna, en la misma carpeta plástica verde donde las guardé. En 2005 surgió una posibilidad de publicar el libro y empecé a trabajar intensamente en ello. Tuve desencuentros con los editores y terminé no queriendo saber nada de ellos. A fin de cuentas, a mí no me interesa el dinero ni la publicidad. En mayo de 2011 decidí publicarlo en mi blog. Se titula Periodista, nada más y comienza con un capítulo al que decidí ponerle Un pedazo de mi vida.
¿Qué le dirías a los cubanos de la isla, qué mensaje te gustaría enviarles?
-Me da mucha pena con los cubanos, en particular con los residentes lejos de la capital y con las mujeres, las madres solteras y las abuelas, por la vida tan dura que la mayoría ha llevado y sigue llevando. En Suiza vivo muy modestamente, pero cada vez que entro a un supermercado, y veo los paquetes de arroz que no hay que perder tiempo escogiéndolo o los estantes con papas, frutas y vegetales, frescos y limpios, a la mente me vienen las cubanas de a pie. La revolución de Fidel Castro siempre fue y sigue siendo machista. Y muy mal agradecida: si él y su hermano Raúl se han mantenido en el poder, en buena parte ha sido por las mujeres, esas mismas que apenas tienen íntimas (almohadillas sanitarias) para su menstruación. Pero cuando decidan decir BASTA, ese día comenzará el final de más de medio siglo de autocracia. Muchas ya han perdido el miedo, como las Damas de Blanco y las de los movimientos Leonor Pérez y Rosa Parks. A ellas, mi respeto y cariño. Extensivo a las que permanecen detenidas, como Sonia Garro, brutalmente detenida junto con su esposo Ramón Alejandro Muñoz, una semana antes de la visita del Papa. Hasta la fecha permanecían encarcelados y todo parece indicar que los van a enjuiciar y condenar a varios años de prisión.
Gracias a Zoé Valdés por haber considerado interesante entrevistarme. Es la última entrevista que pienso conceder. Me cuesta tener que hablar de mí y de los míos. A los lectores, mi más sincero abrazo desde Lucerna, Suiza.
Publicada el 16 de abril de 2012 en el blog Zoé en el Metro, del periódico español El Economista.
Foto: Beat Bieri, verano del 2000, en casa de Ricardo González Alfonso, en Miramar. En primer plano, Tania Quintero. Detrás, Raúl Rivero e Iván García.
Leer también las entrevistas realizadas por la colombiana Lully Posada y el periodista catalán Joan Antoni Guerrero.
-Ese libro lo comencé a escribir en diciembre de 2002, en la mesa del comedor de mi apartamento en La Habana. Escribía directamente en la máquina de escribir, no sabía si algún día lograría publicarlo, pero pensé que a los 60 años ya era hora de volcar en blanco y negro algunas vivencias. Tenía 61 cuartillas redactadas cuando el 18 de marzo de 2003 fue desatada una feroz oleada represiva. Saqué de mi casa esas cuartillas y después logré que un turista suizo me las trajera a Lucerna, en la misma carpeta plástica verde donde las guardé. En 2005 surgió una posibilidad de publicar el libro y empecé a trabajar intensamente en ello. Tuve desencuentros con los editores y terminé no queriendo saber nada de ellos. A fin de cuentas, a mí no me interesa el dinero ni la publicidad. En mayo de 2011 decidí publicarlo en mi blog. Se titula Periodista, nada más y comienza con un capítulo al que decidí ponerle Un pedazo de mi vida.
¿Qué le dirías a los cubanos de la isla, qué mensaje te gustaría enviarles?
-Me da mucha pena con los cubanos, en particular con los residentes lejos de la capital y con las mujeres, las madres solteras y las abuelas, por la vida tan dura que la mayoría ha llevado y sigue llevando. En Suiza vivo muy modestamente, pero cada vez que entro a un supermercado, y veo los paquetes de arroz que no hay que perder tiempo escogiéndolo o los estantes con papas, frutas y vegetales, frescos y limpios, a la mente me vienen las cubanas de a pie. La revolución de Fidel Castro siempre fue y sigue siendo machista. Y muy mal agradecida: si él y su hermano Raúl se han mantenido en el poder, en buena parte ha sido por las mujeres, esas mismas que apenas tienen íntimas (almohadillas sanitarias) para su menstruación. Pero cuando decidan decir BASTA, ese día comenzará el final de más de medio siglo de autocracia. Muchas ya han perdido el miedo, como las Damas de Blanco y las de los movimientos Leonor Pérez y Rosa Parks. A ellas, mi respeto y cariño. Extensivo a las que permanecen detenidas, como Sonia Garro, brutalmente detenida junto con su esposo Ramón Alejandro Muñoz, una semana antes de la visita del Papa. Hasta la fecha permanecían encarcelados y todo parece indicar que los van a enjuiciar y condenar a varios años de prisión.
Gracias a Zoé Valdés por haber considerado interesante entrevistarme. Es la última entrevista que pienso conceder. Me cuesta tener que hablar de mí y de los míos. A los lectores, mi más sincero abrazo desde Lucerna, Suiza.
Publicada el 16 de abril de 2012 en el blog Zoé en el Metro, del periódico español El Economista.
Foto: Beat Bieri, verano del 2000, en casa de Ricardo González Alfonso, en Miramar. En primer plano, Tania Quintero. Detrás, Raúl Rivero e Iván García.
Leer también las entrevistas realizadas por la colombiana Lully Posada y el periodista catalán Joan Antoni Guerrero.
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miércoles, 30 de mayo de 2012
Un habanero con sobradas razones para indignarse
Por Joisy García Martínez
A pesar de que todos los días los cubanos ven por la televisión 'indignados' en todas partes del mundo, en el poblado de El Guatao y en La Lisa, municipio de La Habana al cual éste pertenece, los recortes sociales no indignan a nadie. Por el contrario, sus habitantes continúan "listos para la defensa de los logros" alcanzados en 53 años de sacrificios y penurias.
René, residente en El Guatao, es amante de la pesca y la caza. Alegre y sencillo, siempre está dispuesto a hacer algún favor a sus vecinos. A los 7 años de edad estuvo ingresado más de un mes en un hospital de la capital, debido a que las altas temperaturas le provocaron una artritis generalizada crónica, que le paralizó por completo un tendón de su pierna derecha. Las constantes crisis generadas por esta enfermedad, le imposibilitaron trabajar, por lo que recibía un estipendio mensual de 230 pesos (unos 9 dólares). Con esa cantidad tenía que cubrir sus necesidades.
Hace un año, sin previo anuncio, le fue retirado el estipendio regular. Le comunicaron que no recibiría más su chequera, se habían acabado las gratuidades del 'generoso' Papá Estado. René se dispuso a reclamar ante los representantes de la seguridad social de su municipio y con un manojo de hojas bajo el brazo, que avalaban su crónica enfermedad desde hacía años, se presentó en las oficinas de atención a la población.
Una mañana, mientras René y yo nos tomábamos una taza de 'chiché' (50% café y 50% chícharos), me comenta que al llegar a las oficinas, notó que algo extraño estaba ocurriendo, más de 300 personas con similares problemas reclamaban su básica ayuda social. Pero a solo unos metros, dos carros patrulleros controlaban el orden público, quizás como símbolo preventivo de un exceso de indignación en la sangre de los criollos.
“Me quedé allí más de 2 horas, pero aquel molote de almas en penuria no se movía del lugar, la enorme fila para hacer reclamaciones no avanzaba, las personas se veían molestas... Yo preferí marcharme, pensé que no iba a resolver nada. No luché por mi antigua pensión y mucho menos me indigné. ¿Para qué iba a indignarme, para ser detenido y tildado de revoltoso y contrarrevolucionario? Sencillamente me decepcioné y descubrí la nueva política de abandono y exclusión”.
Desde hace un año, René forma parte de ese ejército de humildes y excluidos del sistema, trabaja a tiempo parcial en lo que le pueda dar un sustento honrado. Cuando le vienen las crisis de artritis, se pasa varias semanas en cama, y es asistido por su padre, quien a pesar de todas las calamidades y escaseces, ha criado a sus tres hijos, huérfanos de madre. Los suyos no se rinden, pero como a todos en el barrio, les duele la injusticia que han hecho con René. Un habanero con sobradas razones para indignarse.
Colaboración enviada desde La Habana. Más sobre el autor en su blog, Criollo Liberal.
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lunes, 28 de mayo de 2012
El príncipe de la Luz Brillante
Por Tania Díaz Castro
Atarés es uno de los muchos barrios marginales de La Habana metropolitana, con una población de 15 mil habitantes. Según datos ofrecidos por la prensa estatal, más de la mitad de sus pobladores viven en solares o ciudadelas en mal estado constructivo. Sin embargo, también esa prensa estatal afirma que por tener Atarés 13 médicos de familia, una policlínica integral y tres centros educacionales, la calidad de vida de sus pobladores es alta.
Hace apenas unos años los trabajadores sociales publicaron en las páginas de la revista Bohemia una investigación que dio como resultado que la inmensa mayoría de los jóvenes de Atarés, más de la tercera parte de su población, no tenía acceso a la educación superior, e investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, identificaron las drogas como un problema de esa comunidad.
Eddy Ortiz es un joven nacido y criado en Atarés, pero que se marchó de allí para siempre porque es distinto al resto de sus amigos de su misma generación. No es un bravucón y le gusta prosperar. Como tiene varios oficios, lo mismo arregla un jardín que una puerta, o sirve de ayudante en trabajos de albañilería.
-Al barrio de Atarés ya no voy ni de visita. Allí la gente no avanza. Si les venden tazas de inodoro, las venden y siguen con el inodoro colectivo. Es un desastre. La cuchilla vengativa sigue en acción, y si alguno le arrebata una billetera a un turista o una cadena de oro, búscalo en Atarés. Allí la violencia no tiene fin y los derrumbes tampoco. Ansían que se les caiga el techo, porque creen que el gobierno les dará una casa. Viven de esos sueños.
-Pero yo, que soy más realista, me busqué una mujer con casa independiente en el caserío La Luz Brillante. Me di cuenta de que no podía esperar por el milagro de que Fidel se acordara de los pobres de Atarés. Mi mujer, la negra más linda de todo el municipio Playa, aunque mucho mayor que yo, es más sabrosa que el ron y como le doy jaque mate todas las noches, me tiene como un príncipe. Por eso, todos me llaman el 'príncipe de la Luz Brillante', siempre con mis camisas bien planchaditas y con olor a limpio.
El caserío La Luz Brillante, situado en la costa oeste de Santa Fe, poblado perteneciente al municipio Playa, en la capital, se creó hace alrededor de ocho años. Está compuesto de unas 50 casitas, la mayoría hechas con materiales que se encuentran por el camino, y según las leyes de la vivienda, con el status de ilegales. Es conocido como La Luz Brillante, porque desde un principio sus pobladores cocinan con querosene, combustible que los cubanos llamamos “luz brillante”, muy perjudicial para la salud.
-Soy un tipo con suerte, me dice Eddy con una sonrisa. Siempre me ha gustado la tranquilidad. Ni siquiera pertenezco a la reserva militar, en un país donde tantos han tirado tiros. No sólo porque tengo los pies planos, sino porque padezco de neurosis obsesiva. Cuando me hicieron un chequeo mental, resulta que me dio por mirar el techo como absorto, pasarme las manos por la cabeza como nervioso, guiñar el ojo derecho, meterme el dedo en la nariz, y dar respuestas tan descabelladas que me desaprobaron y pusieron en la planilla que yo representaba un peligro para la sociedad. Así, sin darme cuenta, pude escapar de la vida militar. La verdad, eso de estar tirando tiros por gusto no me gusta nada. Prefiero vivir tranquilo, como ahora, y cerca del mar.
Cubanet, 28 de febrero de 2012
Foto: El 'palacio' donde vive el príncipe de la Luz Brillante.
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sábado, 26 de mayo de 2012
De Islandia, Obama y la crisis
por Marco A. Pérez
Se aplaude a Islandia por haber permitido que las instituciones financieras que apostaron por la especulación y perdieron durante la burbuja financiera en 2008, asuman sus pérdidas y vayan a la bancarrota, en lugar de socializar la pérdida y obligar a los ciudadanos islandeses a rescatar a dichas instituciones. Inmediatamente se dice, y con razón, que esto es lo correcto pues así no se hace pagar a los ciudadanos por los errores que hayan cometido los voraces propietarios de dichos bancos.
En Islandia, un movimiento popular que apedreó los edificios del gobierno hizo en poco tiempo renunciar al presidente Geir Haarde, que pretendía llegar a un acuerdo con los acreedores extranjeros de la banca privada imponiendo medidas de austeridad y pretendiendo que los contribuyentes islandeses pagaran dicha deuda.
Lo que el nuevo gobierno de Islandia está haciendo, simplemente, es dejar que el capitalismo siga su curso natural. Las instituciones que movidas por la codicia se lanzaron a hacer préstamos indiscriminados a personas que no tenían cómo pagarlos, así como los inversionistas que sin analizar la situación real pusieron su dinero en esa riesgosa empresa, deben asumir la responsabilidad por su comportamiento y pagar las consecuencias. No el pueblo islandés. El capitalismo no es sólo ganancias para los inversionistas. A veces, si no se piensa bien, se puede perder mucho.
En el caso de Islandia se ve claro, porque la mayor parte de los inversionistas que perdieron su dinero son extranjeros. Los islandeses, obviamente, no desean tener que pagar una deuda por préstamos que ellos no solicitaron. Queda clara la ecuación: Islandia y su pueblo contra los codiciosos inversionistas extranjeros que deseaban sacar dinero del país.
Lo que yo no acabo de entender bien, es cómo la misma gente que con razón aplaude a Islandia y celebra su rápida recuperación, también aplaude a Obama que ha hecho en los Estados Unidos exactamente lo mismo que Geir Haarde pretendía hacer en Islandia: "salvar", a costa de los contribuyentes, a las empresas quebradas y con ellas a sus codiciosos inversionistas.
Obama, cosechando la aprobación unánime de los mismos que ahora aplauden a Islandia, hizo lo que pretendía hacer Haarde: socializó las inmensas deudas de los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, elevando en muchos billones la deuda de los Estados Unidos, de modo que ahora son los contribuyentes americanos, sus hijos y sus nietos, los que tendrán que pagar la irresponsabilidad de aquellos que prestaron dinero a sabiendas que los recipientes no podrían pagarlo.
En Estados Unidos, al igual que en Islandia, muchos bancos acumularon montañas de créditos riesgosos para compras de vivienda, otorgados a gente que se sabía que no podían pagarlos. Los bancos no son tontos. Lo hicieron porque el gobierno prácticamente los obligó con medidas coercitivas, tendientes a lograr el objetivo ideológico del plan de "casas económicas" (affordable housing) impulsado por los demócratas desde 1938 cuando se crearon Fannie Mae y Freddie Mac.
Las leyes del mercado son tan inexorables como la ley de gravedad. Y de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Estas empresas, patrocinadas por el estado norteamericano, asumieron la tarea de promover la construcción de viviendas baratas, y de otorgar préstamos hipotecarios a personas de bajos recursos con la intención de lograr con mayor rapidez el objetivo de que cada persona en Estados Unidos alcanzara el sueño americano de tener una casa propia. Intención que como muchas veces ocurre, es muy loable, pero que al ir acumulando deuda sobre deuda en créditos impagables, resultó en la explosión de la burbuja que ha causado la crisis de hoy y el rescate por el gobierno obamista, algo así como un Fobaproa mexicano en Estados Unidos.
En los noventas, el presidente demócrata Clinton empujó a dichas compañías a aceptar aún más deudas riesgosas, en pro de ganar popularidad e impulsar más el plan de viviendas económicas. El presidente Bush hijo (sí el mismo, el diablo personificado, oloroso a azufre según Chávez, emblema-del-imperio Bush), en 2003 intentó controlar esta potencialmente explosiva situación proponiendo una agencia federal que supervisara a Fannie Mae y Freddie Mac, en vista del alarmante incremento de su déficit. Esta propuesta, que hubiera contribuido a evitar la crisis que hoy padecemos, fue bloqueada por los demócratas cada vez que se propuso. John McCain, el candidato republicano que compitió contra Obama en 2008, presentó una propuesta similar en 2005, que también fue bloqueada por los demócratas. "Curiosamente" los senadores demócratas John Dodd, John Kerry, Barack Obama y Hillary Clinton fueron los cuatro mayores receptores de contribuciones de campaña de Fannie Mae y Freddie Mac entre 1998 y 2008.
Esta es una demostración más de que el gobierno no tiene nada que hacer "redistribuyendo riqueza". Lo único que se logra es aumentar la miseria colectiva, incluso en el país más rico del mundo. Lo único que logró la "justicia social" del plan de "affordable housing" fue enriquecer a unos pocos políticos corruptos, crear horrorosos bloques de apartamentos y viviendas de bajo presupuesto, focos de disturbios sociales, y provocar un hueco tan hondo en las finanzas públicas, que muchos dudan que sin medidas drásticas los Estados Unidos puedan salir de él. Sin el plan de "affordable housing" el país sería ahora muchos billones más rico, lo cual habría permitido de manera natural, que muchas familias hubiesen adquirido una buena vivienda, en el lugar que hubiesen deseado y a un precio que pudieran pagar, sin necesidad de dádivas gubernamentales. Ah, pero eso no hubiera producido clientela para el Partido Demócrata... y a los políticos eso no les conviene.
Los republicanos tampoco salen totalmente limpios de este asunto. Aunque los gobiernos demócratas de Carter y Clinton, sembraron las semillas de la debacle actual y fueron campeones en aumentar el gasto gubernamental, ningún político es inmune a la tentación de gastar dinero que no es suyo para lograr la aprobación de los electores, o en aras de objetivos ideológicos que no tienen que ver con lo plasmado en la Constitución. Bush, que no fue en realidad un republicano de línea superdura como muchos piensan, sino más bien un "conservador compasivo", fue quien comenzó la ola actual de "bailouts" o rescates (hay quien dice que no fue él, sino el Congreso dominado por los demócratas, pues según la ley americana quien puede autorizar gastos de dinero es el Congreso, no el presidente). El propio Rick Santorum, que hoy habla mucho en contra de los rescates, en su momento apoyó una medida similar para proteger a las empresas acereras contra la competencia china. Como sea, el empleo de dinero del gobierno para rescatar empresas quebradas ha alcanzado bajo el gobierno de Obama cotas nunca antes vistas.
Los gobiernos de corte "progresista" intentan constantemente utilizar al gobierno para aislar a las personas de la responsabilidad individual de sus acciones, lo cual a la vez coarta su libertad. Porque un gobierno protector así, otorgando dinero a diestra y siniestra para "justicia social", "casas económicas", "trabajo para todos" o "promoción de causas ecológicas", en realidad crea una camarilla de intereses a su alrededor, y una clientela parásita que proporciona votos en las elecciones para mayor beneficio de los pocos políticos que están en las cúpulas del poder. Los aparentes beneficios los reciben los receptores de esas limosnas gubernamentales; los costos reales los pagamos todos, incluyendo a nuestros descendientes.
La solución de las crisis actuales en el mundo, como el caso Islandia demuestra, no pasa por el socialismo. En realidad, la solución está en abandonar las prácticas socialistas de ingeniería social y regresar lo más posible a la sencillez inherente al verdadero capitalismo. Con libertad personal, responsabilidad individual, respeto a la propiedad privada e imperio absoluto de la ley para todos, sean banqueros, bancos, políticos, gobiernos o simples ciudadanos. Si tienes una buena idea o inviertes sabiamente, te vuelves rico; si fallas, pierdes. Es tu responsabilidad personal que debes asumir. No hay empresas ni personas, como regla general, que sean superiores a los demás y por tanto merezcan "rescate"; es decir, que el resto de la sociedad pague por sus errores o su codicia. No se han inventado mejores maneras para que una sociedad progrese.
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Un cementerio que muere
Por Alejandro Tur Valladares
Una de las experiencias humanas que nos infunde más respeto es la muerte. Tal vez por ello, la mayoría se toma muy en serio dejar en buenos términos su tránsito al reino de Hades.
Y aunque la modernidad haya acabado con supersticiosas prácticas mortuorias, como aquélla de colocar una moneda debajo de la lengua del difunto, para pagarle al viejo barquero Caronte su viaje hasta el mundo de los muertos, a través del lago Estigia, al menos seguimos empeñados en recrear, por medio de imágenes, íconos u objetos, muchas de aquellas leyendas que describen la “vida” después de la muerte.
Ahora bien, asistir a la muerte de un cementerio no es algo que se aprecie todos los días.
La moribunda necrópolis a que me refiero está enclavada en el lado noroeste de la ciudad de Cienfuegos, justo en el corazón de Reina, barrio del que ha adoptado el nombre. Su inauguración se remonta al año 1839, veinte años después de fundada la villa Fernandina de Jagua, hoy ciudad de Cienfuegos.
Ciento setenta y tres años después, la erosión causada por los elementos de la naturaleza, la depredación e insensibilidad del hombre, y la falta de mantenimiento, tienen en estado de agonía a una de las joyas culturales más importantes de la provincia.
Tiempos hubo en que se pensó que la suerte del cementerio cambiaría, fundamentalmente allá por los años 80, pues, gracias a la gestión de un pequeño grupo de intelectuales locales, fue nombrado Monumento Nacional. Sin embargo, ni eso lo ayudó.
Durante la primera etapa posterior al nombramiento, el gobierno destinó cierta cantidad de recursos para el remozamiento del vetusto lugar. Pero la morosidad en la realización de las obras, el desvío de los recursos, el paso de algún que otro ciclón, la falta de presupuesto, la focalización de los funcionarios hacía asuntos que consideraron de mayor importancia, resultaron en décadas perdidas, durante las cuales hemos visto como el recinto ha ido cambiando su aspecto, hasta parecer una ciudad bombardeada.
Mármoles de lápidas, bóvedas y panteones partidos casi en su totalidad, tumbas hundidas o anegadas en agua, rejas oxidadas en un grado muy avanzado… El rico tesoro escultórico, orgullo justificado del lugar, se encuentra en peligro de extinción.
Por doquiera se ven ángeles con alas rotas, desmembrados o decapitados. Ni siquiera la famosa escultura La Bella Durmiente ha escapado del general deterioro, y ya han debido retocarle partes de su estilizado cuerpo, por los daños sufridos.
El cuadro que hoy se observa es el mismo al que asistí cinco años atrás, cuando visité por vez primera el lugar. Entonces ya había dado comienzo la reparación de la Capilla, y eran repelladas algunas de las paredes donde se encuentran los nichos. Parece como si el tiempo no hubiese transcurrido: al revisitar el lugar, me encuentro con que los trabajos de remodelación están en el mismo punto de ejecución en que los dejé.
Este cementerio es muy viejo, quizás uno de los más antiguos de Cuba, de los que aún existen. Su tesoro escultórico se está perdiendo. Aquí yacen los restos de los hijos ilustres que fundaron la ciudad y sirvieron en su sostenimiento y posterior desarrollo.
En un lugar no precisado de sus terrenos yacen los restos de insignes revolucionarios de las contiendas libertarias de 1868 y1895, entre ellos, el general de brigada Henry Reeves (El inglesito), el general Higinio Esquerra Rodríguez, el presbítero Francisco Esquembre Guzmán, fusilado por bendecir una bandera cubana de los insurrectos, o el teniente José Acebedo Quintana, español que peleó en las filas cubanas.
Tal vez sea preciso promover una campaña nacional que permita educar a las actuales generaciones en el amor y respeto por su historia, e involucrar a todos los cubanos de bien en el rescate de lugares como éste. Yo no tengo poder real, ni solución alguna, ni riquezas que donar. Solo me queda el consuelo de aportar unas líneas, a manera de SOS, con la esperanza de que otros se me unan:
“SALVEMOS AL CEMENTERIO DE REINA, QUE SE NOS MUERE”.
Cubanet, 6 de marzo de 2012
Foto: Alejandro Tur Valladares
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jueves, 24 de mayo de 2012
La muerte del Bola
Por Frank Correa
El 20 de febrero de 2012 acaba de engrosar la lista de fechas históricas de Jaimanitas, poblado costero a 25 kilómetros al oeste del centro La Habana. Ese día falleció uno de sus personajes más emblemáticos: el Bola, creador del negocio de la venta de calandracas.
El Bola murió como vivió, sacando lombrices del fondo del río. Tenía 83 años y vivía solo en su casucha de la ribera izquierda del río Jaimanitas, en el Callejón de San Felipe, conocido también como 'el callejón de los perros'. A pesar de su avanzada edad, se mantenía activo, propiciándose el sustento con un comercio que él mismo ideó y que hoy cuenta con numerosos seguidores.
Muy conocido, desde Varadero hasta los confines de Pinar del Río, a este héroe de la lucha cotidiana en estos tiempos, se le veía todos los días con su careta y el snorkel, sumergido durante horas, arrancando de las rocas del fondo los tubos de coral que guardan la calandraca, una carnada muy codiciada por los pescadores del malecón habanero.
Ñico el Noble, Pascual el Fiñe, Joaquinito, Pepe, Macuto y otro centenar de jaimanitenses que hoy sobreviven y dan sustento a sus familias con la extracción y venta de calandraca, acompañaron al “maestro” hasta su última morada, en el Cementerio Colón, agradeciendo de esa forma sus enseñanzas en un oficio que ya constituye una tradición en el pueblo.
Al Bola la muerte lo sorprendió en el río, como debía ser, temprano en la mañana, aunque le dio tiempo de llegar a la orilla y ahí morir, con el fleje en una mano y varios tubos de calandracas en la otra. Sin embargo, el cadáver no fue levantado por la policía hasta el anochecer, cuando llegaron por fin los de Medicina Legal.
Según contó Ñico durante el velorio, “todo ese tiempo el Bola estuvo tirado como un perro en la orilla. Al mediodía comenzó a llover y los amigos lo tapamos con un saco de yute y cartones que encontramos en los alrededores del río. Por la boca le entraban y salían insectos, las lombrices comenzaron a comérselo mucho antes de que lo enterraran”.
Cuando la comitiva regresó de la necrópolis y se reunió en casa de Pejediente a rememorar el suceso, Ñico preguntó si existía alguna manera de avisarle al Sordo, a Chea y a Papín, que viven en Miami y eran discípulos del Bola en el negocio de la venta de calandracas. Y también a Picúa, que vive en Tampa, a Nelsito, radicado en Nueva Jersey, y a los jimaguas Sapito y Yoandrys, en Orlando, Florida.
Pero nadie supo contestar cómo hacerles llegar la noticia de la partida del hombre que inventó uno de los oficios autóctonos de Jaimanitas, un pueblo conocido y visitado diariamente por centenares de pescadores de todos los rincones de La Habana, en busca de calandracas, la mejor de todas las carnadas para la pesca de orilla.
Cubanet, 6 de marzo de 2012
Foto del río Jaimanitas tomada de esta web.
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martes, 22 de mayo de 2012
Néstor Almendros in Memoriam
Por Fausto Canel
Era alto y delgado y ya con entradas prominentes, vistiendo uno de esos seersuckers clásicos de Brooks Brothers, con corbata de lana negra. Yo había leído alguna colaboración suya en la sección Cine de la revista Carteles y sabía que venía de Nueva York, invitado a trabajar en el recién creado Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, por su amigo Tomás Gutiérrez Alea.
Conocía también su nombre, Néstor Almendros, y que había traído con él su cámara, una Bolex de cuerda que el ICAIC se apresuró a alquilarle ante la carencia de equipos que teníamos. Lo que no sabía era que Néstor provocaría una conmoción en el cine cubano. De nuevo.
Ya antes lo habían acusado de agente de la CIA, a fines de los años 40, en la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo. Su padre, Herminio Almendros, alto funcionario del Ministerio de Educación de la República Española, ya llevaba varios años exilado en Cuba, y ahora Néstor, con 18 años, acababa de llegar de España, borracho con las teorías del director Eisenstein, pionero del cine soviético.
Armado con su cámara, se puso a sacar primeros planos de sus compañeros en la sociedad cultural, la cual acababa de pasar, subrepticiamente, al control del Partido Comunista (PSP). Algunos dirigentes de Nuestro Tiempo, estalinistas paranoicos, creyeron que Néstor les hacía retratos para la agencia estadounidense de inteligencia, cuando en realidad eran ingenuos y primeros amagos de cine. Y lo expulsaron.
Y esa fue su definición inicial: extranjero, y para colmo catalán, que quería revolucionar a los nativos con sus exóticas ideas europeas. ¿Será trotskista?
A principios de los años 50, la energía creativa de Néstor se hizo sentir en el cine experimental de la época. Almendros demostró a los cubanos que la única manera de hacer películas era haciéndolas: es decir, hacerse de una cámara, aprender a utilizarla, y filmar. Aquella breve efervescencia experimental tendrá su final cuando varios de sus protagonistas, entre ellos Néstor, se van a Roma a estudiar cine.
De Roma Almendros se irá a Nueva York, esta vez a estudiar cinematografía en el New York Community College, y llega a Manhattan justo en el momento en que los jóvenes cineastas newyorkinos descubren una aliada esencial en la Tri X, una película en blanco y negro ultrarrápida que la Kodak acababa de lanzar.
Además, las cámaras se habían vuelto más pequeñas y se sofisticaban con lentes de sensibilidad superior. Esa liberación de los pesados equipos de iluminación permitía filmar con una enorme flexibilidad de movimiento y conseguir un espectro más amplio de expresión. La noche de fin de año, con su pequeña Bolex y sólo la luz natural de las tiendas y del alumbrado, Néstor filmará 58-59 en Times Square, un poema a Nueva York y a la noche. Tres meses más tarde estará en La Habana, invitado por Gutiérrez Alea.
Con 58-59 Néstor provocará una segunda conmoción. A todos nos sorprendió la calidad de la película, la sensibilidad del autor; pero sobre todo la libertad con que el cineasta había contado, gracias a la película rápida. Esa posibilidad de independencia fue precisamente lo que preocupó a la dirección del ICAIC, lo que el organismo quería evitar a toda costa, ya que detrás del ropaje generador de una verdadera industria de cine en Cuba se escondía un objetivo mayor: la agitación y la propaganda en favor del régimen recién instituido.
Muy pronto Néstor entró en contradicción definitiva con la dirección del Instituto del Cine, al tiempo que 58-59 se convertía en punto de referencia para muchos documentalistas. Carnaval Socialista, de Alberto Roldán, y Asamblea General, de Gutiérrez Alea, ambos fotografiadas por Ramón F. Suárez para el ICAIC.
Pero el ejemplo más notorio fue P.M., corto realizado por Orlando J. Leal y Sabá Cabrera fuera del control del Instituto del Cine y con un punto de vista ajeno a la agit-prop. La confiscación y prohibición de ese corto por el ICAIC hizo que Néstor dejase definitivamente el organismo para irse a trabajar como camarógrafo en un noticiero de televisión. Y por su cuenta, con los recortes de negativo que le sobraban de esos noticieros, Almendros filmará Gente en la playa, uno de los cortometrajes más libres y hermosos que jamás se han hecho en Cuba.
Eran tiempos definitivos. Néstor tomará partido a favor de los autores de P.M. en su columna de la revista Bohemia, de la cual era crítico de cine, y muy pronto se verá atacado por Verde Olivo, órgano oficial del Ejército Rebelde, tras lo cual lo expulsaron de Bohemia. Después del cierre del magazine literario Lunes de Revolución, Almendros escogerá el exilio una vez más---lo cual no le fue fácil, pues su padre, a quien él respetaba, era ya un alto funcionario del Ministerio de Educación de Fidel Castro.
En Barcelona, su ciudad natal, Almendros recuperó su pasaporte español y se hizo amigo de los jóvenes que conformaban la entonces llamada “escuela de cine de Barcelona”. Estos le propusieron una película como director de fotografía, que Néstor aceptó, pero que tuvo que abandonar cuando la protagonista, la diva Sara Montiel, se negó a trabajar con un fotógrafo desconocido. Una vez más, Almendros hizo su maleta y se marchó.
Ya en Francia, envió Gente en la playa al Festival de Estrasburgo, donde su película fue elogiada por Edgar Morin, director del Museo del Hombre. Morín le presentó a Eric Rohmer y éste lo invitó a presenciar el rodaje de su cuento en una película de varios segmentos, Paris vu par.
Durante la filmación el director de fotografía, de cuyo nombre prefiero olvidarme, se peleó con Rohmer y se marchó. Desesperado por salvar la inversión del día, el productor Barbet Schroeder preguntó a su alrededor quién era operador y Néstor dijo que él. Sí, los milagros existen.
Almendros dejó de dar clases de español a sus alumnos particulares y se entregó por entero a la película de Rohmer -aunque sólo le habían dado un contrato por 48 horas, pues el productor Barbet Schroeder no había querido comprometerse con él sin ver primero las tomas reveladas.
Néstor no pudo firmar el cuento porque no tenía permiso de trabajo, pero sus imágenes gustaron tanto a Barbet que éste le llamó de nuevo para que hiciese la fotografía del próximo cuento, dirigido por Jean-Luc Godard. Néstor le dio las gracias y le dijo que le entusiasmaba la idea de trabajar con Godard, pero que no podía abandonar de nuevo sus clases, de las cuales vivía, y aprovechó para decirle a Schroeder que nunca le había pagado sus honorarios en aquel primer trabajo con Rohmer.
Barbet le pagó, abochornado, tras lo cual Néstor hizo el episodio de Godard y más tarde Ma nuit chez Maude, de Rohmer. Fue entonces que Francois Truffaut descubrió la fotografía de Néstor -lúcida, translúcida sin luces- y consideró que era la ideal para L'enfant sauvage, que ya preparaba. Y las películas de Truffaut sí que se veían en Hollywood. El resto, como se dice, es historia.
Almendros trabajó durante años con los mejores directores franceses y norteamericanos. Ganó un César por El último metro, de Truffaut, y un Oscar con Days of Heaven, de Terence Malik, además de otras nominaciones. La crítica le consideró un director de fotografía excepcional; un fotógrafo que, además, supo dirigir sus propios documentales.
Más allá de su talento, tres elementos ayudaron al éxito de Néstor Almendros: la sofisticación cultural que absorbió en su adolescencia en Barcelona; los estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, que sorprenderán a los cineastas franceses acostumbrados a trabajar con fotógrafos que no eran más que técnicos; y la invención de la película Tri XXX, que le permitirá independizarse de los equipos pesados.
Cuando Néstor sintió que ya tenía el prestigio profesional necesario en París y en Hollywood, mundos obnubilados por la propaganda castrista, produjo y dirigió (con Jiménez Leal) Conducta impropia, el más poderoso alegato jamás hecho en el cine contra el régimen de La Habana. Luego realizó Nadie escuchaba, (con Jorge Ulla), sobre la violación sistemática de los derechos humanos en la isla.
En la plenitud de su fama y su carrera, Néstor murió de sida en Nueva York el 4 de marzo de 1992, a la edad de 62 años.
Martí Noticias, 1 de marzo de 2012
Foto: Néstor Almendros, a la derecha, durante el rodaje de una película.
Breve historia de una foto

En la foto, Fausto Canel y Néstor Almendros filman "El tomate", un documental didáctico. Es un día de finales de octubre de 1959, en Camagüey. A Néstor se le ve al mando de su inseparable cámara Bolex. Por aquella época el ICAIC se la alquilaba, dada la carencia de equipos técnicos. Al día siguiente, cuando regresamos a continuar el rodaje, nos encontramos con que todos en la cooperativa agrícola se habían ido a “buscar” a Camilo. El comandante Camilo Cienfuegos había desaparecido en su avioneta después de arrestar a Huber Matos en la capitanía de la provincia camagüeyana. Poco importaba que la avioneta de Camilo hubiese desaparecido sobre el mar Caribe, al sur de la isla, y que nosotros estuviésemos tierra adentro, más bien al norte. Teníamos todos que “buscar a Camilo”. El país entero se concentró aquel día -aquella semana- en “buscar a Camilo”.
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domingo, 20 de mayo de 2012
Del semanario Zig Zag y del humor político cubano
-¿Recuerda, Apóstol, cuando usted encontraba agrio nuestro vino…?
-Sí que recuerdo…
-¡Bueno, pues si usted lo prueba ahora…!
Por Tania Quintero
La Gloria se titula esta caricatura, que he copiado del blog de Manuel Díaz Martínez, periodista y escritor cubano residente en España. El Bobo, el más famoso personaje creado por Eduardo Abela, decidió darse una vuelta por el cielo y hacerle una confesión a José Martí.
Si Abela fue un referente en el humor político criollo, la publicación humorística más importante que ha habido en Cuba se llamaba Zig Zag. Existió durante 22 años, desde 1938 hasta 1960, cuando llegó el comandante y empezó a prohibir.
Como todo buen dictador, Fidel Castro nunca soportó el humor y menos a los humoristas. En Cuba Collectibles pueden verse portadas de Zig Zag, de las originales impresas en La Habana y de las realizadas posteriormente en Miami.
En 1960 el barbudo liquidaría el semanario Zig Zag y también los periódicos, excepto los dos afines: Revolución y Hoy. Quien desee ahondar sobre el tema, le sugiero leer Hace 51 años Fidel Castro acabó con la libertad de prensa; Cómo terminó la libertad de expresión en Cuba y La hora de la unanimidad.
Como en Cuba no se puede hablar de humor político sin mencionar a Zig Zag, creo que vale la pena reproducir un artículo de Ramón Fernández Larrea publicado hace tres años. Para quienes no le conozcan, Fernández Larrea es uno de los mejores poetas y humoristas cubanos. El Programa de Ramón, trasmitido por Radio Ciudad de La Habana fue de uno de los espacios radiales más escuchados por los habaneros a fines de los 80 y principios de los 90. En 2010 estaba trabajando en el Canal 41 de Miami.
La risa en la sombra: muerte del humor político cubano
Por Ramón Fernández Larrea
Cuando llega la noche, los ciudadanos de Inglaterra, Francia, España y hasta en la misma Rusia, se sientan a disfrutar de un programa de humor donde los muñecos representan a sus políticos más cercanos. Esos mismos ciudadanos han visto ya, durante el día, escritos y caricaturas en la prensa donde se satirizan situaciones reales y actuales. Y donde, desde el más sencillo servidor público, hasta el presidente del país o el monarca, han sido reflejados para mofa y satisfacción del hombre común: el ciudadano.
En Cuba no. Antes de que terminara el convulso año de gracia de 1959, el victorioso jefe de la triunfante rebelión -que no era todavía comandante en jefe, sino doctor-- tomó una de las decisiones radicales que marcarían el futuro de la isla, y de un gobierno personalista durante los siguientes 50 añs: cerrar de un plumazo el semanario Zig Zag fundado en 1938, bastión cubano del humor político; heredero de La política cómica, de Ricardo Torriente, y de La semana, de Sergio Carbó, y de una fortísima tradición en las imperfectas democracias anteriores.
Fue el Zig Zag y no otro, el primer diario cerrado por decisión del iracundo rebelde. Su primera plana quedó en el recuerdo de toda una generación que ya Jorge Mañach había retratado en su famoso ensayo Indagación del choteo, y que reflejaba con fina ironía lo que el antiguo abogado, devenido comandante, haría día y noche a lo largo de su vida. El chiste que tan profundamente molestó fue este: "Hace 15 minutos que Fidel no habla''.
Poco después prohibía al actor cómico más popular de Cuba, Leopoldo Fernández (Tres Patines'), porque en una actuación teatral, mientras señalaba hacia un gran retrato del 'jefe', dijo: "A éste tenemos que colgarlo bien alto''.
No sería hasta más tarde, justamente al año y cinco meses del triunfo revolucionario, que caería, víctima de los afanes y propósitos totalitarios, el decano de la prensa escrita cubana, el Diario de la Marina, y la operación de nacionalización terminaría con la apropiación a manos del Estado de todos los medios de prensa, radio y televisión. No solamente moría la libertad de expresión. Habían asesinado el humor político en Cuba.
O tal vez no. Muerto en tanto representación social, y vehículo democrático para la libre expresión, el humor político pasaría, como sucedió en todos los países de corte socialista, a las sombras, replegado a la picaresca popular del boca a boca, a los rincones de la intimidad más profunda, pues el temor de hacer un chiste 'contrarrevolucionario' despojaría a ese género popular del brillo de la espontaneidad y de su función catártica.
Dardos sin punta, la sátira quedó descartada como hecho subversivo, limitada a lo oral, que no deja huellas palpables o pruebas materiales. Sobrevivió en la penumbra familiar como pausa y suspiro con los que el cubano buscaba mantenerse independiente, y se debió, en parte, a esa burla crónica que, al decir de Mañach, siempre ha sido una de sus grandes defensas: "Le ha servido de amortiguador para los choques de la adversidad, de muelle para resistir las presiones políticas demasiado gravosas y de válvula de escape para todo género de impaciencias''.
Tal vez uno de los chistes que más ilustre esa situación sea este: en Madrid, sentados en un banco de un parque, charlan un español y un cubano. Pregunta el español: "Y qué, ¿ cómo os va por allá, por Cuba?". Y el cubano le responde: "No nos podemos quejar''. El español, sorprendido, dice: "Entonces, ¿se vive bien?". Y el cubano contesta: "No, no, es que no nos podemos quejar''.
En manos del Estado la prensa y los medios de comunicación, y ese Estado a su vez en manos de una voluntad única, no quedó nada del ejercicio de libre y sano albedrío. La única ventana diminuta para el humor político fue la burla inclemente del pasado, que de tanto ser llevado al presente, perdió el sentido de tiempo ya ido, para convertirse en la máscara del hoy mismo. La realidad fue pareciéndose peligrosamente a lo que nadie recordaba ya. O recordaba solamente a través del choteo.
Fue una máscara. Una mordaza amarga, pero doblez al fin y al cabo. El exterior cumplía con los dictámenes del Estado autoritario. Las segundas lecturas comenzaban rostro adentro. Nació la hipérbole, que es insana, porque está fabricada de espejos, de tortuosos caminos, de retruécanos. De tanto hablar del futuro luminoso se perdieron los ojos. Y la gente común comenzó a preguntarse si el futuro iba a llegar algún día.
Pero hay un pero. Un pero profiláctico. El choteo, el sí de puerta hacia afuera y el no o el tal vez en la sombra, han sido desde entonces el don más preciado del cubano, a contrapelo de lo que advirtió Mañach: "Si se hiperboliza este don, empieza por codiciarse la comodidad vital de la alegría y se puede llegar a exigir ese lujo vital que es la absoluta independencia de toda autoridad''. El choteo clasifica sin ningún inconveniente entre las formas de resistencia.
No puede hiperbolizarse una ideología que bebe directamente del mesianismo y de la liturgia de las religiones. Es imposible que se vaya más allá de las fronteras que dicta en persona el hiperbolizador en jefe. Lo real se hizo representación teatral, entrando en la categoría de irrealidad. La realidad era otra, desconocida por la verdad oficial, sin representación visual en el discurso cotidiano. Era la vida fingida, que te hace sentirte cómplice, actor de un juego de falsas improvisaciones y estudiadas espontaneidades. Y por desgracia fue una suerte.
Si no existe esta trágica contradicción entre lo ideal y lo real, no puede haber chistes contra el autoritarismo. Un especialista en el tema lo ejemplifica de este modo: Un húngaro va a un hospital de Budapest y pregunta por el departamento de ojos y oídos, le dicen que hay dos secciones distintas: una que se ocupa de los ojos y la otra que se ocupa de los oídos. "Ah, pero entonces tengo que ir a las dos'', dice y suspira. "No sé qué me está pasando últimamente. No veo lo que oigo''.
El chiste no busca subvertir la realidad, sino pervertirla o revertirla momentáneamente. Busca pensamientos afines, solidaridad en la opinión, complicidad en el delirio de la desgracia que nos dicen suerte. En una sociedad socializada, el chiste político deja el amargo pero inigualable y duradero sabor del pecado.
Se es héroe durante 30 segundos. Se sabe que alguien -el inventor o adaptador del chiste- estaba pensando en uno mismo. Se intuye un semejante en la sombra. Queda, entre el miedo fugaz, el regusto de haber traspasado momentáneamente las rejas de lo absoluto. Se ríe porque se duda. Mas, al mismo tiempo, se teme.
Es, de alguna manera, como haberse pasado por un momento al enemigo que luego se sale a combatir entre consignas, con una fe un poco más agujereada. Si el enemigo ríe, entonces no es tan malo como lo pintan. Es la única manera en que la irrealidad se hace real. Lo kafkiano cobra ribetes descarnadamente humanos y peligrosos. No hay ojos, pero sí oídos y bocas.
El autoritarismo es solemne. Los dictadores no ríen y sus peores pesadillas son las carcajadas y el ridículo. Tal vez esa es la esencia de un revelador chiste alemán de los años 60: Un día se encuentran Walter Ulbricht (el líder estalinista de la antigua RDA) y Willy Brandt en el ámbito personal y conversan: "¿Tiene usted alguna afición, Herr Brandt?", pregunta Ulbricht. "Sí'', responde Brandt, "colecciono chistes sobre mí". "¿Y usted qué hace?". "Yo colecciono gente que colecciona chistes sobre mí''.
Cuando llega la noche, los ciudadanos de Inglaterra, Francia, España y hasta en la misma Rusia, se sientan a disfrutar de un programa de humor donde los muñecos representan a sus políticos más cercanos.
En Cuba no. Como muñecos rotos, los cubanos se sientan a reír nueva y viejamente del pasado. Sueñan, en el sueño profundo, con el día en que puedan convertirse en ciudadanos.
Publicado en El Nuevo Herald el 17 de mayo de 2009.
Leer también: La Tremenda Corte.
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